Mujeres de Fuego- Capítulo 1

Capítulo Relacionado a la historia de las mujeres que

 

#EL GOLPE DE ESTADO EMPEZÓ ANTES DEL 11 DE SEPTIEMBRE

DE 1973: LOS FAMILIARES

DE LOS MARINOS ANTI GOLPISTAS

 Entre 1970 y 1973 varios centenares de marinos intentan oponerse al golpe de Estado que ven prepararse. Sargentos, cabos y marineros, organizan grupos antigolpistas en las cuatro secciones de la Marina: la Escuadra, las escuelas de especialidades, la Unidad de Aviación Naval y los astilleros.

Establecen contactos con dirigentes políticos próximos al gobierno para informarlos de la conspiración en marcha y se organizan para enfrentarla. Son descubiertos por los servicios de inteligencia. (Magasich, 2008a, p.16).

En Chile, el Golpe y las violaciones a los derechos humanos, no empezaron el 11 de septiembre.

Hemos conocido a través de la información aparecida en estos años que “la noche del domingo 5 al lunes 6 de agosto se produce una ruptura mayor en la historia de Chile. En algunos recintos de la Armada deja de regir la legalidad republicana y se instaura el orden que preparan los golpistas”. Magasich explica que “las torturas van a aplicarse en cuarteles controlados por estos últimos, donde ha cesado de regir el Estado de Derecho, aunque aún actúan a escondidas de las autoridades del Estado y del propio Comandante en Jefe de la Armada” (2008b, p.118).

Las violaciones a los derechos humanos empezaron con la detención de marinos en la región de Valparaíso y en Talcahuano, en junio de 1973. Ellos en sus reparticiones desde hacía tiempovenían observando las acciones golpistas de la oficialidad. Específicamente la sucesión de detenciones efectuada por la Armada en contra de la marinería “se inició en la repartición Aeronaval de la Armada en El Belloto en junio de 1973. La segunda fue en la Escuela de Ingeniería el 28 de julio de 1973” como lo relata Mariano Ramírez en el libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas. Escuela de Ingeniería de la Armada de Chile 1973. Proceso 3941’ (Ramírez, 2010, p.73).

Ramírez continúa su narración planteando que a comienzos de agosto de 1973 “se inicia la detención y tortura de personal anti golpista en diferentes buques de la Escuadra, la última de las detenciones es el 11 de agosto de 1973 de otro grupo en la Escuela de Ingeniería” (Ramírez, 2010, p.73).

A estos marinos que se opusieron a los planes de la oficialidad, se les conoce como los Marinos Anti golpistas (MAG).

El presente capítulo recupera la historia a partir de relatos de chilenas y chilenos que vivieron esa situación, haciéndose una sustentación bibliográfica. Los testimonios son de madres, esposas, hermanas y novias de los marinos que fueron detenidos el año 1973, como también testimonios de ellos mismos. A partir de ese rescate de la memoria, este capítulo busca contribuir a la valoración de la lucha de esas mujeres cuya experiencia es poco conocida.

FAMILIARES SE ENTERAN DE LAS DETENCIONES DE LOS MARINOS ANTI GOLPISTAS.

Para percibir lo que sintieron, pensaron y vivenciaron las y los familiares de esos marinos anti golpistas, iniciaré con el relato extraído del cuestionario que desde Suecia respondió Patricia Tapia, esposa de José Maldonado Alvear, detenido en Talcahuano el 8 de agosto de 1973: “Nosotros vivíamos en La Calera con una pequeña de dos años y esperando a nuestro segundo hijo. Fue un tiempo muy duro para todas nosotras: la angustia e incertidumbre  de no saber qué había pasado con nuestro esposo, padre, hijo, hermano. Después de la detención de los marinos, nosotros tratamos por todos los medios posibles buscar información de ellos en la Intendencia”. (P. Tapia, entrevista 29 de marzo de 2017).

En tanto, Irene Hidalgo Correa, que en ese entonces era una joven mujer de veintidós años, casada con Bernardo Carvajal2, otro de los marinos detenidos, rememora: “Yo tenía a Rodrigo de cuatro meses y Ricardito de tres años y yo no tenía idea de política y esas cosas. Yo tenía veintidós años. Vivíamos en Placeres en una quebrada. Mi esposo llegaba los días 21 de cada mes y ese 21 de agosto del ‘73, él no llegó. A mi esposo lo detuvieron el 8 de agosto del ‘73. No llegó, entonces yo estaba preocupada porque no tenía leche para los niños.

“Ya era día veintidós, incluso me subí al cerro Placeres arriba para ver los barcos porque siempre que llegaban los barcos, a los casados los dejaban irse a sus casas y los solteros quedaban de guardia, y mi marido se iba con Pedro, un amigo que también era de la Armada y estaba en Talcahuano, en el crucero Prat [perteneciente a la Armada de Chile], eran muy amigos entonces se iban los dos juntos a Talcahuano cuando venía los días veintiuno a dejarme la ‘plata’ [dejarme el dinero] y después se iba. Y ese día 22 de agosto, yo veo al marino amigo de mi esposo y le dije: “Qué raro, ¿no ha sabido de Bernardo? que no ha llegado”, él me respondió: “Señora, no me hable, usted es una mujer comunista así es que no quiero verla, además ¡menos al lado mío porque me van a acusar de sabe qué cosa!”.

“¡Chuta! yo quedé sorprendida ¿de qué?, ¿de qué me estaba hablando? Y me fui para la casa ¡triste! con mis dos niños, y me acosté; vivía sola ahí, arrendábamos una casita, y esa noche yo no pude dormir, además mi esposo tenía a su mamá enferma en otro cerro, entonces yo me alentaba y me decía: “Debe ser que pasó a ver a la mamá”. Y yo había escuchado en la radio, la

2       Bernardo Carvajal Sepúlveda, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 8 de agosto de 1973.

prendí una mañana un día y decía que se tenían que reunir las señoras de los marinos detenidos para viajar a Talcahuano, y yo decía entre mí: “Pobres mujeres, chitas ¡no tienen ni leche esas mujeres!”, o sea, siempre pensando: “¡Y menos que no han llegado sus maridos!”.

“Y esa noche del 22 de agosto no dormí, me puse a tejer un chalequito para el chiquitito, mi hijo menor, Rodrigo; y me dieron las seis de la mañana. Pongo la radio y escucho: “Vamos a dar la lista de los marinos detenidos en Talcahuano” dijo la locutora3, ¡y sale él, mi esposo! ¡A mí se me vino el mundo encima! porque yo sabía que no iba a tener ayuda de nadie ¡menos de mi papá! Me puse a llorar. Y vi a una vecina, que ahora falleció, quería mucho a Ricardito y el marido era carabinero, le dije yo: “¿Sabe señora Hortensia? escuché el nombre de Bernardo en una lista de los marinos”, ella me contestó: “¡Ah, ándate de mi casa, ya, fuera, fuera!” ¡Pero yo no sabía qué pasaba! y él como era carabinero, dijo: “No, señora Irene, aléjese de nosotros, si usted es comunista”. Yo no tenía idea de lo que me acusaban. La detención de los marinos ya había sucedido mucho antes, pero yo no sabía porque yo vivía sola, entonces no tenía idea de nada.

“Me fui para la casa y después escuché en la radio Caupolicán, la radio donde trabajaba la señora Carmen Palma que era bien de la izquierda que dijo: “Las personas que tienen a sus familiares marinos detenidos en Talcahuano, se pueden acercar a la radio”. Entonces yo dije “Ya” porque en ese tiempo ya no había micro, andaban solamente camionetas amarillas y yo con los dos chiquititos. Dije: “Ya, por último, voy a ir a preguntar a la Intendencia que ¡qué pasa!”.

3 Carmen Palma Muñoz, en los primeros años de los 70’ fue nombrada directora de la Radio Caupolicán. Luego del Golpe Militar, Carmen Palma fue exiliada por razones políticas, radicándose primeramente en Suecia y luego en la URSS (Unión Soviética). Es en este último país donde Carmen destacó como una de las grandes voces del programa “Escucha Chile” de Radio Moscú, espacio que era escuchado en Chile a través de la señal A.M. (Qué Talca.com, [2024]. https://quetalca.com/ especial-grandes-maulinas-que-marcaron-epoca/).

Entonces partí a la Intendencia con mi carnet (resulta que todas las mujeres de marinos tienen un carnet como para la asistente social); llego allá, a la plaza Sotomayor, ahí.

“Yo cuando entré por la puerta chica, que es la última (más acá de calle Serrano) por dentro había un espacio como un patio, esto sería por el 23 de agosto. Me hicieron pasar muy amable, yo con el carnet y con mi chiquitito ‘guagüito’, y Ricardito aquí al ladito mío

¡y sola!, sola, ‘no tenía un peso’ [no tenía dinero], no hallaba qué hacer; bueno, le dije a la asistente social que estaba ahí: “Señora, sabe que yo necesito saber de mi marido porque no llegó el veintiuno y necesito saber, porque algo escuché en una radio que estaban en Talcahuano detenidos” y le dije así no más que eso ¡y ella se para! parece que ‘la habían pescado’ no sé de dónde y llegó como con cuatro o cinco oficiales de esos ‘llenos de galones’ [con alto rango], y así ¡bien parados! y me ‘miraron como bicho raro’ [como una extraña], “¿Qué es lo que querís?” así me dijeron”.

“Allí vi a harta gente, con las manitos en alto así en las paredes, en ese tiempo ya, antes del golpe, estaban hartos hombres así. Yo me dije: “¿Qué estará pasando?, ¿Cómo pueden castigarlos así?”, yo he sido muy inocentona, me criaron muy inocente mis padres en el sur, pero yo no tenía idea que ya habían detenidos allí, con sus manitos en la pared. “¿Sabe qué más?” me dijo uno de los marinos que vigilaban ¡así, soberbio, soberbio, uno de esos perros!, me dijo: “¡Mira, aquí está tu esposo, es el cabecilla!”, “¿Pero, cabecilla de qué?” le contesté yo, “¡¿Cómo no vas a saber?!”, “Yo no tengo idea” le dije, “¿De qué lo están acusando? a ese hombre tranquilo”. “¿Sabís que más?” me dijo un marino y me tomó de aquí, yo con el bebé chiquitito, me tomó como de un ala, así, “¡Mándate a cambiar y anda a trabajar por los ‘cabros’ [niños], porque a lo mejor él no llega!”,

¡pero yo todavía‘estaba colgada’[no entendía], no entendía ¡qué sé yo, de qué! y me echó, “¡Anda a trabajar porque a lo mejor tu marido no llega, es un cabecilla, está acusado de sublevación!” y decía una lista de acusaciones.

“Yo me fui llorando por la forma en que me trataron. Me fui para el barco, porque yo tenía un hermano que también estaba en la Armada (pero a ese no le pasó nada) estaba el crucero Prat y fui con la intención de verlo a él si estaba porque en esos años uno se podía meter por el molo para adentro (ahora está cerrado) y justo encontré de guardia a Pedro, el marino ese que se iba junto con mi marido en la noche para Talcahuano, estaba parado afuera haciendo guardia y me dice: “¡Váyase señora o la mato aquí mismo!”, ahí me dio miedo, me dio miedo por mis hijos, di la media vuelta y me fui para la casa y como yo había escuchado en la radio que había ayuda para las personas para viajar a Talcahuano, que iban a ayudar para el pasaje en las micros Flecha Verde, “Voy a pasar a la radio”, dije yo, “a lo mejor tengo alguna esperanza en poder ir”.

“Ahí en la radio cuando me vieron con los niños me atendió muy bien la señora Carmen Palma, la locutora que estaba a cargo, me dijo: “Pero señora, ¿por qué no vino antes? Si estos marinos están detenidos desde el 8 de agosto”, “Es que yo no sabía” y ahí yo le conté: que había ido a la Intendencia y al barco y de Pedro, el amiguito marino ese. Me dijo ella: “Mire, ¿quiere viajar a ver a su marido?, difícil que allá le den permiso para verlo, pero por lo menos está más cerca de él”, así es que me dio dos boletos para la micro Flecha Verde y me dieron unos billetes que no estaban de más; yo le dije: “Para comprar el alimento a los niños”. ¡Qué me ayudó esa mujer!, era una señora famosa en la radio, ayudaba a las personas.

“Esa misma tarde, fui a cerrar mi casa, todo bien cerradito y me fui con los niños a Concepción, allá dicen: “No hay para viajar a Lota porque están poniendo ‘miguelitos’ [arma de metal, fabricada con clavos] en el camino de Concepción a Lota”; menos mal que andaba trayendo unas monedas así es que me quedé en un hotel con los niños. Al día siguiente viajé a Lota, a la casa de mi papá. Yo fui a Talcahuano, a la entrada de la cuestión de la Armada, a preguntar por mi esposo Bernardo Carvajal. Un oficial que estaba ahí me dijo: “Mira, ‘el día tanto’ van a tener visita ellos en un galpón, así es que, si quiere, en un galpón van a estar ellos”, me dio alegría porque por lo menos lo iba a ver, pero igual andaba con ese miedo que podría ser un engaño. ¡Ya empezó uno a tener miedo por el maltrato que le daban a uno, sin tener nada que ver!

“Le dije a mi papá: “Quédate con los niños un rato, yo voy a Talcahuano. Si me pasa algo, me pasa a mí, no a los chicos”. Y llego allá y estaban en un galpón, también había algunas esposas de los otros marinos detenidos, pero yo no las conocía; ahí estaba Bernardo, así hinchado, todo morado, azul, tanto golpe en su cabeza, lo habían torturado y cuando me ve ¡me abraza! “Bernardo, no sabía de ti, ¿qué pasa?” y me dice: “¿Y los niños?”, “Los niños están con mi papá, ¿qué te pasó?”, “No podemos hablar nada, nos golpearon, nos metieron la cara en un balde con caca y con agua”, después ‘me contó para callado’ [que no oyera nadie más, en secreto] que una vez le pusieron una urna al lado y lo golpeaban, lo golpeaban y él quedaba inconsciente y un día cuando ya no daba más, le tiraron la metralleta ¡mira que son vivos!, entonces dijo que él fue a tomarla, después reaccionó y se retuvo, ¡con que él toma eso!, lo matan. Él me dijo: “Ándate con los niños a Valparaíso porque a lo mejor como en un mes más nos trasladan allá”. Me fui tranquila porque ya lo había visto, pero muy dolida por la forma que estaba Bernardo y todos los marinos” (I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

Otro relato de cómo supo de la detención de su esposo Ramón González4, es el de María Mercedes Muñoz Pérez: “A Ramón lo detuvieron el 9 de agosto de 1973” ¿Cómo se enteró que lo habían detenido? “El día antes, el día 8 de agosto, Ramón llegó del trabajo y me dice “Flaquita fíjate que está pasando algo extraño en el trabajo: detuvieron a dos compañeros”, yo le contesté “Oye, que extraño, ¿y por qué?”. Nosotros vivíamos en Talcahuano, en una parte donde pasaba el tren que traía a los trabajadores desde ASMAR [Astilleros y Maestranzas de la Armada] y él se bajaba cerquita de la casa. Pasó el tren, fueron pasando minutos ¡y él no llegaba! y me extrañó y se me viene altiro a la memoria lo que él me había dicho el día anterior (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Lo que Ramón le había comentado a su esposa tenía relación con ASMAR, su lugar de trabajo, donde el personal intercambiaba

4 Ramón González Larenas, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 9 de agosto de 1973.

opiniones políticas, las que empezaron “progresivamente a aumentar” tanto dentro del trabajo como en la casa que alguno prestaba. Sin embargo hubo factores que les jugaron en contra, como lo señala Danny Monsálvez en su libro ‘Agosto 1973. Proa al golpe en la Armada: El caso ASMAR Talcahuano’: “la deficiente coordinación entre ellos y el exiguo manejo de la seguridad, caracterizada por la inexperiencia de su juventud y por la pasión y las ansias de hacer algo en defensa de su gobierno”incidiendo éstos para que los servicios de inteligencia de la Armada los detectara y luego los detuviera a inicios de agosto del ‘73, sufriendo con ello “la más ignominiosa humillación que hasta ese entonces habían vivido” (Monsálvez Araneda, 2010, p.58).

María Mercedes continúa su relato: “A esa altura nuestra niña ya tenía un año ocho meses. La niña se puso a llorar porque ella ya sabía que a esa hora nosotras lo salíamos a esperar afuera al cerco de la casa, porque estaba justo la línea del tren ahí, y el papá no llegaba, así es que nos entramos y empecé a jugar con ella y en mi mente siempre pensando en el día anterior. Ya fue pasando la hora: las siete, siete y media; cuando ya era las siete y media pasaditas, yo le di la comida a la niña y llega un compañero de mi Gordo, toca la puerta y yo me extrañé a esa hora, y le digo “Buenas tardes”, porque yo lo conocía al compañero. Él me dice: “Señora Mercedes, ¿no ha llegado Gordito?”, y le contesto: “No, no ha llegado ¿por qué? ¿Qué pasó?, ¿por qué no llega?, ¿sabe algo usted?”, él me dice: “No, si se quedó trabajando, había unos trabajos que tenían que terminar así es que se quedó trabajando, a lo mejor llega más tardecito”.

“Así fue pasando la hora ¡y no llegó! Al otro día, como él me había dicho eso, yo me dirigí a su trabajo, a ASMAR. Me costó que me dejaran pasar, pero yo iba con la niña y ahí pasé. Para pasar la Puerta de los Leones [esa es la zona de entrada a la Base Naval de Talcahuano] no tuve problemas porque tenía el carnet de identificación y al entrar a ASMAR, ahí me atajaron unos marinos y un cosaco, y me dijeron: “¿Pa´ dónde va señora?”, “Vengo a hacer una consulta ¿a quién me puedo dirigir?”, “Nosotros estamos de guardia, le podemos responder”, “Resulta que mi esposo no llegó a casa”, y sale el cosaco bien desagradable en su respuesta y me dice: “¡Váyase pa´ la casa señora, a lo mejor su marido anda enredado en unas sábanas con una…!” y agregó que yo andaba perdiendo el tiempo buscándolo; le respondí: “Señor, perdóneme, pero si yo ando detrás buscándolo, es porque yo sé lo que tengo, no hace ahora no más que… llevamos tres años de matrimonio y en tres años es suficiente como para conocer a la persona”. El tipo se fue hacia un lado y yo me puse a llorar y me fui y de ahí no supe más de él. Nadie me dijo, ¡nada, nada!

“Al día siguiente yo me fui acercando a muchas partes, por mi propia iniciativa, me dirigí a hablar con el que me dijeron podía saber: el comandante Henríquez. Él me recibió y ahí me encuentro con la gran sorpresa que jamás me imaginé, que el que sabía todo y no me informó jamás nada, que el que era el escribiente del comandante Henríquez, era nada menos que el hermano de mi marido, que era el que llevaba todo, todo, todos los escritos, sabía todo, inclusive había negado que él era hermano, ¿te puedes imaginar cómo te sientes tú en ese momento? Y me dice así, descaradamente: “Hola ¿cómo está el Gordo?”. El comandante no me dijo nada. Y después fueron pasando días y nadie me decía nada, ¡nada, nada!, solamente deducciones porque ya fueron cayendo detenidos más compañeros de mi esposo, entonces, no quedaba otra alternativa de que él también estaba ahí incluido porque el amigo ese que fue a mi casa a decirme, él no se atrevió a decirme. Y había otro hermano de mi esposo, que era del Servicio de Inteligencia de la Armada, también sabía ¡y nada!; la familia de mi marido se portó lo más, lo más indeseables como personas, me cerraron las puertas, ¡jamás ni un gramo de azúcar! que me hubieran dicho “Para la nieta”, los padres de él o los hermanos haberme dicho alguna cosa… ¡nada, nada, nada!”.

¿Cuántos días pasaron hasta que María Mercedes tuvo la confirmación de lo que sucedía? Ella rememora esos días: “Yo tuve que entregar la casa que arrendábamos y unos vecinos de al lado me dieron autorización para que estuviera ahí, en la casa de ellos con mi pequeña. Como a eso de las once de la mañana, llegó allí un matrimonio amigo, a saludarme y a saber cómo estaba mi salud y ver cómo estaba la niña; entonces me dicen: “¿Qué has sabido de Gordito?”, “Nada, nada, nada en absoluto”, le respondí.

“El dueño de casa estaba ahí y se puso a conversar con este joven compañero de Gordo de la misma repartición y por mientras Viviana, su señora, a escondidas me dice: “A Gordito lo vimos”,

¡Oh, ahí se me vino todo… que alivio porque no sabía nada de él!, y ella me dice: “Lo vi cuando lo venían sacando de la furgoneta esposado, lo estaban entrando al gimnasio”. Los traían parece de la Quiriquina5 y los traían para el gimnasio que estaba ahí adentro de la base naval. Este matrimonio lo vio por casualidad porque andaban justo comprando el ‘Colisaca’ que se llamaba en ese tiempo que era como un supermercado que estaba al frente de ese recinto, entonces ellos estaban comprando ahí cuando vieron que a Gordito lo estaban sacando.

“Yo ahí me alegré por un momento porque ya sabía que estaba bien, y por la tarde yo me quedé callada porque el esposo de Viviana lo más que había dicho ‘que no dijera’. Entonces me dejo caer como que voy a comprar al supermercado y en eso veo a Ramón que está en el gimnasio al último arriba, lo pude ver como se andaba paseando, y yo salgo del supermercado, lo veo y me hago como que me estoy chupando el dedo y le hago una seña con la mano y él también me responde igual. Ahí no pude estar mucho rato, fue solo a la salida del supermercado no más, iba caminando yo disimulada le hice seña y ahí me fui llorando. A los días después me hace llegar la ropa de él: estaba toda llena de sangre donde lo habían torturado. Me hizo llegar esa ropa a través de su hermano”.

“Seguían sin darme información, para nada, y no volví a ir a preguntar ahí adentro de la Armada. Lo que hice después fue que

5 “En la isla Quiriquina se encuentra la Escuela de Grumetes” donde “se recibe la instrucción de aprendiz de marinero. Al ser arrestados los marineros constitucionalistas, un grupo de ellos fue recluido en este lugar” (Marineros Constitucionalistas de Chile, 2024. https://www.marineros-constitucionalistas- chile.com/isla-quiriquina/).

nos reunimos los familiares. Ya después se fue sabiendo que fueron tomando más compañeros de él. Dentro de ese grupo estaban los padres de los detenidos en este caso y con ellos nos fuimos poniendo en contacto”. Antes de estos hechos, los familiares de los marinos detenidos no se conocían. María Mercedes explica cómo lograron ponerse en contacto: “Como se conocían los nombres de los marinos detenidos, eran muy amigos varios de ellos, entonces los padres empezaron a hacer el contacto” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

En ese mismo período, en Valparaíso también estaban produciéndose detenciones, lo que fue conocido por la gente, pues el “día 6 de agosto, los diversos medios de comunicación informan de la detención del personal de la Escuadra en Valparaíso” (Monsálvez Araneda, 2010, p.109).

Rosalía Delgado Naranjo, esposa de uno de los marinos detenidos, relata: “A mi marido Teodosio Cifuentes Rebolledo6 lo tomaron detenido los primeros días de agosto de 1973 en Valparaíso. Para saber noticias de mi esposo fui primero a la Comandancia y allí me dijeron que como era día viernes, él se había ido de franco. Como no llegó en todo el fin de semana, fui a la Escuela Naval porque era su lugar de trabajo. En la Escuela Naval me dieron información: mi esposo estaba en el cuartel Silva Palma” (R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

Este lugar [situado en el cerro Playa Ancha de Valparaíso, al lado de la Academia de Guerra] aparecerá más adelante en otros testimonios debido a que era un cuartel de la Marina de Guerra que fue empleado como centro represivo desde antes de la dictadura en el que “se flageló a docenas de marinos que se negaban a participar en el golpe. Posteriormente funcionó durante tres años, hasta 1976, como centro de detención y de torturas, por donde pasaron centenares de personas” (Del Pozo Artigas, 2018, p.155).

6       Teodosio Cifuentes Rebolledo. Marino Anti golpista (MAG) detenido el 9 de agosto de 1973.

 

Rosalía sigue recordando: “Como yo conocía al comandante Osorio, me dijo que Teodosio estaba incomunicado, que podía escribirle una carta para que supiera que yo sabía de él y que le dejara un número de teléfono para avisarme cuando saliera de incomunicación. Le di el número de una vecina y es así que me avisaron” (R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

Flor Calisto Alarcón, casada con Mariano Ramírez7, otro de los detenidos, vivía en la población Wilson de Peñablanca y trabajaba en el hospital ubicado en la misma zona. Respecto a lo que ella hizo cuando supo que su esposo era uno de los marinos que habían tomado preso, señaló que: “Traté de ubicarlo donde estaba y en la Escuela de Ingeniería me dijeron que estaban en el cuartel Silva Palma, así es que me fui para allá” (F. Calisto Alarcón, entrevista 6 de febrero de 2017).

En ese momento, agosto de 1973, se produce un cambio en estas detenciones ocurridas en la Escuela de Ingeniería con relación a las que había habido en junio de 1973 en El Belloto, debido a que, según Magasich, “hay una pequeña escalada”: con la segunda ola de detenciones “comienzan los golpes (no aún las torturas) y los allanamientos. Por primera vez se criminalizan las ideas: poseer libros y periódicos que revelan ideas de izquierda puede ser considerado un delito y sus lectores comienzan a deshacerse de ellos” (2008b, p.117).

Flor detalla que en el Silva Palma la dejaron entrar porque le dijeron: “Como en son de burla: “Pase señora porque ¡aquí no ha pasado nada! Pase, a ver si puede conversar con su esposo. Pero aquí: todo tranquilo, no ha pasado nada” y ahí conversé con él, pero estaban detenidos así es que no me quedó otra que devolverme”. Ella explica que pudo hablar con Mariano porque: “Fue la casualidad que él iba saliendo de un interrogatorio y ahí en el pasillo en esas escalas que tiene el Silva Palma ahí nos encontramos y ahí conversamos, serían sus diez minutos, poquito. En ese momento

Mariano Ramírez Ramírez, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 10 de agosto de 1973.

 

¡tú no sabes qué decir y qué hacer! Esto fue como la última semana de agosto, me parece. Él llevaba bastantes días detenido”(F. Calisto Alarcón, entrevista 6 de febrero de 2017).

Regina Muñoz Vera vivía en Santiago. Se refiere a la forma en que ella fue informada sobre su esposo: “Mi marido, Juan Cárdenas8, fue detenido el 5 de agosto de 1973, en Valparaíso (…)

Cuando yo aún trabajaba en el Ministerio del Interior, el 6 de agosto de 1973 representantes del MIR me informaron que él había sido aprehendido” (R. Muñoz Vera, entrevista 14 y 18 de abril de 2017).

El marino Tomás Alonso Molinet9 cuenta cómo sus familiares supieron de su detención: “Había un suboficial que estaba a cargo en el Silva Palma, el nombre no lo recuerdo, en una de esas yo le pregunté si podía llamar por teléfono, entonces me dice que sí y me presta el teléfono. Yo llamé a mi novia, Margarita Navarro, ella en ese tiempo trabajaba en diario El Mercurio, y le digo que yo estoy en el Silva Palma, que puede ir un día a visitarme, eso sí que no le digo de qué se trata. Margarita ni siquiera sabía qué era el Silva Palma, estaba preguntando allá abajo a dónde era, hasta que ella llegó ahí. Y bueno, ahí yo le dije que estaba detenido. Margarita le ocultó eso a mi madre [Petronila Molinet Órdenes] porque en el fondo nosotros no habíamos cometido ningún delito, nosotros considerábamos que estaba correcto lo que estábamos haciendo. Mi mamá se enteró de mi situación porque se empezó a mover la cosa, empezó a saberse qué pasaba con nosotros y eso salió publicado, así muy chiquitito, en el diario El Clarín. Sin embargo, el diario El Mercurio, el diario El Sur de Concepción, seguramente otro diario también, publican a gran escala que: ‘Se ha detectado una infiltración de partidos de gobierno, del Partido Socialista, del MIR, en las Fuerzas Armadas’ y que nosotros éramos los infiltrados” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Juan Cárdenas Villablanca, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 5 de agosto de 1973.

Tomás Alonso Molinet, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 28 de julio de 1973.

 

A esa prensa le interesaba descalificar a los detenidos ante el resto de la marinería para así desmotivar en ésta cualquier idea contraria a los planes de la oficialidad. Al respecto Mariano Ramírez en su libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas…’, expone: “Desgraciadamente (…) la intención de hacer de nosotros un ejemplo para quienes tuvieran aún intenciones de rebelarse en contra de la oficialidad, surtió efecto, la prensa de derecha de la época fue fundamental en esta campaña para nuestro desprestigio” (2010, p.48).

Tomás Alonso continúa recordando acerca de cómo la señora Petronila Molinet supo de su detención: “Entonces sale mi nombre en el diario El Clarín y una tía de Concepción, hermana de mi mamá, lo lee y ella le manda una carta a mi mamá preguntándole qué pasa, explicándole a mi mamá que leyó de que yo estoy detenido. Ahí se entera mi mamá, entonces al enterarse, agarra a mi novia y le dice que le ‘cuente la firme’ [la verdad] y un día equis aparece mi mamá con mi novia allá en el Silva Palma. Mi mamá es una persona que nunca jamás se había metido en política, era dueña de casa y jamás le interesaba la política. Entonces debido a eso, después los otros familiares de otros compañeros se contactan con ella” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Juana Cerna Rivera narra sobre Miguel González González: “Mi esposo10 fue detenido en agosto de 1973. Dos días después de su detención recibí un llamado anónimo que me informaba que Miguel estaba detenido en el cuartel Silva Palma en Valparaíso. Varias mujeres fuimos juntas a ese cuartel, pero no pudimos ver a nuestros maridos”.

Y agrega que “los familiares de los marinos detenidos recibimos informaciones generales, sin detalles. Las esposas, madres y pololas fuimos informadas mediante llamados anónimos por personas que no se identificaban”.

 

10 Miguel González González, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 9 de agosto de 1973.

 

Juana plantea que “la Armada guardó silencio y no informó nada a las familias de los marinos anti golpistas” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

¿De quiénes eran esas voces anónimas que avisaron a familiares sobre las detenciones? Sobre ello, Roberto Fuentes Fuentes11, otro de los marinos anti golpistas detenidos, puntualiza en la entrevista: “Al principio no se sabía qué pasaba con nosotros, los primeros días, las primeras semanas, pero después se supo, porque no todos los que estábamos comprometidos, cayeron presos. Muchos pasaron sin que estuvieran en ninguna lista, yo estaba en una lista, desgraciadamente (…) muchos de ellos no estaban en la lista, pero que estaban comprometidos igual que nosotros y ellos se dedicaron a informar a los familiares y allí los familiares empezaron a tratar de saber dónde estábamos. Naturalmente que la marina decía que no, ‘que aquí’, ‘que esto’, ‘que lo otro’; hasta que después ya no les fue posible ocultarnos porque después los familiares empezaron a exigir y de otra forma, no hay que olvidarse que estaba la Unidad Popular en el poder, estábamos con Allende como presidente” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Mariano Ramírez Ramírez evoca que durante su permanencia en el cuartel Silva Palma llegó otro grupo de marinos, también detenidos como él: “Yo estaba incomunicado y de repente una noche, sería como el 14 de agosto de 1973, llegó un marino incomunicado también, a una celda más allá y estaba súper desesperado porque venía de Talcahuano o de otro centro de tortura y estaba pidiendo ayuda y decía su nombre. Y yo le dije que… (Porque yo no sabía si ese era un truco o era verdad): “Bueno, tú hablas con…” no sé quién, le di un nombre falso. “Sí”, me dijo él, “Compañero, nos torturaron”. Venía súper complicado el marino, era Cabo Segundo del buque de guerra Latorre, se llamaba Pedro Blaset12 (que era el que venía en esas condiciones).

11  Roberto Fuentes Fuentes, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

12 Pedro Blaset Castro, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

 

Pero tampoco se enteró que fui yo quien habló con él esa noche, porque estábamos incomunicados y hasta la fecha creo que nunca le he dicho que era yo” (M. Ramírez Ramírez, entrevista 6 de febrero de 2017).

Ibis Caballero Molina es una de las esposas que, al saber que los marinos estaban detenidos en el Silva Palma, fue a pararse a las afueras del cuartel. En su entrevista recuerda ese tiempo cuando a su esposo, Pedro Lagos13 lo detienen: “No dejaban ver a los marinos, a nuestros esposos, hermanos, no los dejaban ver; y por los abogados y por mi esposo Pedro que me mandó un mensaje en un lápiz que me tiró de una ventanilla del Silva Palma, no sé cómo de arriba, me tiró un mensaje y eso lo supieron los abogados y me dijeron que se los mostrara, se los mostré y con ese mensaje ellos pudieron buscar para que nosotros pudiéramos ver a nuestros parientes; claro, porque si Pedro no me hubiese mandado ese mensaje, yo no lo hubiese recibido, a lo mejor no los hubiésemos visto nunca.

“El Intendente cuando vio el mensaje de Pedro, él les dijo a los abogados que ¡no le dijeran a nadie!, porque los abogados decían que ellos cuando preguntaban por los marinos detenidos, les respondían que no estaban detenidos, les decían que esos marinos estaban en ejercicio y que por eso nosotras no los podíamos ver. Entonces, con el mensaje en el papelito que me mandó Pedro, el Intendente le dijo a los abogados: “No le digan a nadie, nada, nada; vamos a ir a primera hora de la mañana al cuartel Silva Palma” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Tal como les recalcó el Intendente así lo hicieron los abogados y pudieron establecer una visita para ver a los marinos detenidos. Con los años, en entrevista que le hizo Jorge Magasich (2019, p.582-583) a Pedro Lagos Carrasco, él relata el hecho en que, con la ayuda de su esposa Ibis, logra informar que han sido torturados: “(…) en el dormitorio que nosotros estábamos, donde dormíamos

13 Pedro Lagos Carrasco, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

 

en el cuartel Silva Palma, había unos vidrios esos dobles, así como vidrios de baño (…) Y yo con un clavito fui sacando, sacando, sacando, el cemento blanco, hasta que lo solté.

“Entonces, al sacarlo yo miraba para abajo y veía al infante de marina que se paseaba ahí en la entrada de la cárcel militar y escribí un mensaje en un papelito y lo metí adentro de un canuto de hilo vacío, el papelito. Abajo, en la puerta del cuartel Silva Palma estaban nuestros familiares y estaba mi señora.

“Entonces, el infante de marina cuando se fue al lado izquierdo, yo le pegué un silbido a mi señora -conocido, familiar- y ella miró y vio que la mano -le hacía así yo- entonces, estaba atenta ella. Cuando de repente le pegué un silbido y le hacía así yo, con el tubito de hilo con el mensaje adentro. Entonces, en esto mi señora se puso atenta y vio cuando yo tiré el papelito, el canuto de hilo vacío alargado. Entonces, mi señora lo vio donde cayó y empezó a acercarse poco a poco con otra señora de marino, hasta cuando llegó al lado ahí. Hizo como que botaba un pañuelo al suelo, y después se agachó, lo recogió y se sonó. E iba ya adentro el canuto de hilo con el mensaje. Algunas otras personas se dieron cuenta que mi señora había recogido algo ahí. Pero se hicieron ‘las lesas’

-y ‘los lesos’- [se hicieron las y los desentendidos].

“Entonces, mi señora volvió ahí donde estaba antes y de repente se fue con dos señoras más, para abajo. Más abajo lo leyeron y yo le puse en el mensaje que por favor le avisaran al Intendente, que le avisara al Intendente, que le avisara al presidente de la República, que ya dejen de torturarnos porque si no vamos a morir. Entonces, mi señora después bajó, aceleró el paso y se fue hasta la Primera Zona Naval a pie, porque ahí estaba la Intendencia y pidió hablar con el Intendente. Y menos mal que la aceptaron” (Lagos, como se citó en Magasich, 2019).

Posteriormente al mensaje que Pedro le lanzó, Ibis no recuerda en qué fecha las familiares pudieron hacer la visita al Silva Palma: “No, no me acuerdo de la fecha. Fue antes del golpe. Ahí pudimos verlos todas las personas que fueron, porque otras tenían miedo. Estaba machucado, la cara, lo que se le veía de la cara estaba con

 

unas protuberancias en los ojos, le habían golpeado mucho; pero en el cuerpo no se lo veía porque estaba con ropa” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Margarita Salazar Jeldres vivía en Santiago, tenía un embarazo avanzado en el período que su hermano Jaime Salazar14 es detenido. Ella toma conocimiento de lo que estaba sucediendo porque Jaime logró escribirle: “Yo supe porque él me mandó una carta certificada que escribió el 18 de agosto del ‘73, no sé con qué persona la mandó. Ahí me explicó que estaba detenido y que nos quería mucho, que seguramente que cuando nosotros recibiéramos esa carta no íbamos a saber, ni él iba a saber si estaba vivo o muerto. Esa carta llegó por correo a la casa de mis padres, mi hermano menor me fue a avisar a mi casa, yo estaba casada.

“Así es que fui a la casa de mis padres y ahí me entregaron la carta certificada. Jaime escribió esa carta, se la pasó a alguien y esa persona la mandó por correo. Cuando yo llego a la casa, la leí ‘para callado’ [a solas], me acuerdo que me encerré en el baño, me puse a llorar, a gritar, a patear. Ahí mi esposo y mi papá me preguntaban qué pasaba y ahí yo les conté lo que había leído y les pasé la carta a ellos para que la leyeran y yo les decía: “¡Mañana parto a buscarlo, yo salgo a buscarlo!” porque Jaime me decía que lo tenían en Valparaíso, pero no me decía en qué parte. Así es que yo al otro día iba a partir sola, como fuera y ahí mi esposo me dijo: “Yo te acompaño” y mi papá me dijo lo mismo, así es que los tres llegamos a Valparaíso, preguntando, allá nos mandaban de un lado a otro, le preguntábamos a la gente, la gente nos decía: “Uh, en ese barco, el Almirante Latorre, anoche hubo como un enfrentamiento”, en ese barco que estaba ahí. Fuimos al cuartel Silva Palma. Me acuerdo que fuimos ahí porque alguien nos dijo que al parecer ahí tenían a unos detenidos.

 

 

 

14  Jaime Salazar Jeldres, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

 

“Al principio negaron, dijeron que no, después donde me vieron a mí embarazada, me dijeron que sí, que ahí había unos detenidos, pero no nos podían dejar entrar, estaba prohibida la entrada y yo les dije que veníamos de Santiago buscando a mi hermano, que yo quería saber dónde estaba y todo, ahí lloriqueándole, hasta que al final me dejaron pasar a mí solamente, como vieron que estaba gorda me dejaron, y a mi papá y a mi esposo los dejaron abajo. Y yo tuve que subir una tremenda escalera. Esperé un rato y ahí pude ver a mi hermano” (M. Salazar Jeldres, entrevista 12 de febrero de 2019).

Margarita nunca ha olvidado el estado en que vio a su hermano Jaime en ese momento: “¡Ah, eso fue terrible! porque tenía la cara hinchada, con moretones, los ojos así con derrame, el oído me dijo que se lo habían reventado, venía cojeando, todo moreteado. Eso fue antes del golpe, tiene que haber sido a fines de agosto del ‘73”.

Y Jaime ¿Te dijo dónde le habían hecho eso? ¿Todo se lo hicieron en el Silva Palma? “No, no, me parece que lo tuvieron en otro lado también. No sé, no recuerdo bien si lo habían tenido por allá por Concepción”. Efectivamente Jaime, al ser detenido “es incomunicado y luego trasladado a Talcahuano donde es brutalmente torturado en el fuerte Borgoño” (Magasich Airola, 2019, p.673).

Y ese día que a ti te dejaron ver a Jaime ¿pudiste ver a los otros marinos que estaban detenidos? “No, no, a mi hermano no más lo vi, nos dejaron ahí un ratito que conversáramos, así es que él me dijo que yo tratara de divulgar todo eso, que tratara de decir que estaban detenidos, para que la gente supiera que ellos estaban detenidos allí. De ahí nos vinimos a Santiago y yo le conté a mi hermana Erika y ella se reunió con gente y esparció la noticia” (M. Salazar Jeldres, entrevista 12 de febrero de 2019).

Antes que Margarita recibiera la carta certificada de la que cuenta, hubo una etapa en que la familia nada sabía de Jaime. Sobre eso Erika Jeldres, su hermana mayor, recuerda: “Jaime nos había visitado, parece que unos meses antes. Y después fue un tremendo

 

choque cuando nos dijeron que no que estaba detenido, sino que estaba desaparecido en ese primer tiempo y ahí nos volvimos todos locos averiguando. Mi hermana Margarita (…) con el papá se fue a Valparaíso a hacer averiguaciones y en el Silva Palma la dejaron pasar por su embarazo (…). Después ya empecé a ir yo, cuando ya se sabía dónde estaba, cuando los encontraron (…) en la torre esa que estaba en Valparaíso; me acuerdo que teníamos que subir bien arriba porque los tenían arriba, arriba. Era el Silva Palma. Ahí ya, cuando los empezamos a ver, eso fue ¡horroroso!, todos los muchachos heridos, llenos de moretones, todos los niños torturados, a Jaime le habían roto una muñeca y también perdió un oído con los golpes, por los golpes que recibió; ellos sufrieron mucho, golpes, torturas, fue muy impresionante. Esto fue en agosto del ‘73, antes del golpe” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

En esa fecha en la Armada ya eran metódicas las violaciones a los derechos humanos por parte del sector golpista: se organizan “al menos dos equipos de torturadores: uno en Viña del Mar, en el fuerte Vergara, y otro en Talcahuano, en el fuerte Borgoño. Ambos aplicarán torturas planificadas, científicas” (Magasich Airola, 2008b, p.118).

EL TRATO RECIBIDO POR FAMILIARES Y POR LOS MARINOS DETENIDOS.

 Erika Jeldres expresa que cuando los familiares iban a ver a los marinos detenidos, recibían por parte de los que les custodiaban un trato muy rudo: “Revisaban a toda la gente, (…) tenían malos modales, daban empujones, que “¡Vaya para allá!”, “¡Que no, que para allá!” y cosas así medias bruscas, agresivas. Es lo que yo me acuerdo, porque en realidad muchas cosas que se van, se olvidan” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero 2019).

Rose Marie Cordero Cedraschi, hermana del marino anti golpista Patricio Cordero15, también trae a la memoria el trato que recibían las familiares cuando iban a consultar: “El trato que nos daban era como a un delincuente” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Reafirmando lo expresado más arriba acerca del trato que les estaban dando a las familiares de los marinos detenidos, Irene Hidalgo recuerda: “Éramos tratadas mal pues ¡mal, mal! Cuando llegaba al Silva Palma: había que presentar papeles, papelitos certificando que uno iba a ver a un familiar. ¡Y encima de uno, ahí!,

¡ahí uno no podía hablar nada!, ¡bien custodiados con metralletas!, entonces ¡teníamos miedo, si allá se provocó ese miedo de que te podían hasta matar! ¡Y uno con los niños!” (I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

A María Mercedes Muñoz Pérez al consultársele cómo la trataban los gendarmes de la cárcel de Concepción antes del golpe, señala que: “Algunos eran respetuosos y había unos que eran bien desagradables para tratarnos” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Sobre el tratamiento dado por el personal de la Armada a los detenidos, Roberto Fuentes Fuentes describe su detención: “Cuando yo llego al Silva Palma ahí veo que ya habían empezado a torturar gente. Me empiezan a golpear, ya todos con patadas, todos con culatazos y groserías naturalmente. Entonces yo entro por la puerta principal del Silva Palma, y ya éramos un grupo, como dieciocho o veinte y empezamos a subir, nos dejan en un espacio ancho donde nos sacan la ropa, teníamos que sacar todo lo que nos identificara y nos quitan las bolsas personales con todas las cosas que traíamos” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Relata Mariano Ramírez Ramírez que estando detenido en el cuartel Silva Palma, al salir del interrogatorio en que lo dejan en libre plática, por casualidad se encuentra con su esposa Flor que en ese instante venía recién entrando a la guardia:“Pude conversar con mi mujer y decirle que estaba detenido y que tenía que irse a la casa y borrar todo vestigio que hubiera, aunque yo sabía que no había nada”.

En la entrevista a Mariano, exclamé: ¡Fue una casualidad! A lo que él respondió: “Claro, mucha suerte, mucha casualidad. Ahí pude conversar con mi esposa. Ella sabía algo, pero no sabía nada en el fondo de lo que estábamos haciendo, pero ella entendió perfectamente, se fue para la casa” (M. Ramírez Ramírez, entrevista 6 de febrero de 2017).

A lo que se refiere Mariano al decir que su esposa “entendió perfectamente”, es debido a lo que alude Patricio Cordero Cedraschi: “El Servicio de Inteligencia Naval venía rastreando al personal de tendencias ‘Constitucionalistas’, es decir, al personal que se identificaba por el respeto y la defensa del Gobierno legítimamente constituido. Como se percibían en ese entonces posiciones de insubordinación por parte de los sectores golpistas, los marineros anti golpistas de mi nave y de otras unidades que se encontraban en Talcahuano, tratamos de advertir a las autoridades de Gobierno del peligro golpista, entretanto ya se estaban produciendo las primeras detenciones en el Puerto de Valparaíso” (P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Exactamente la primera detención ocurrió en la Base aeronaval de El Belloto, como detalla Magasich (2008a, p.16), “el 15 de junio de 1973; las siguientes a fines de julio y a partir del 5 de agosto se desata una verdadera razzia dentro de la Marina”.

Continúo indagando, esta vez con María Mercedes Muñoz Pérez acerca de la primera vez que pudo ver a su esposo:“Lo vi ¡mal! tenía su carita demacrada, estaba delgado, él había sido siempre de contextura gruesa, y ahí lo vi…” [El semblante de María Mercedes denota tristeza] (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Le comento que seguramente eso tiene que haber sido varios días después de la detención porque los captores esperabanque las huellas, sobre todo físicas de la cara, no se notaran. María Mercedes está de acuerdo.

EMPIEZAN LAS ACCIONES DE FAMILIARES PARA DEFENDER A MARINOS DETENIDOS.

 

A consecuencia de la detención de su esposo, Flor Calisto Alarcón se refiere a las diligencias que tuvo que empezar a realizar: “Teníamos que ver… porque en aquel entonces como todavía no era el golpe, no era el 11 de septiembre, no nos imaginábamos a dónde recurrir para que nos ayuden”.

Aportando más detalles, Flor prosigue: “Yo me había venido de Punta Arenas, así es que no conocía el sistema ni conocía cómo era la gente tampoco, entonces me costaba tomar contacto con las personas, por eso iba sola. Empecé a tomar contacto con las otras esposas del grupo, que eran ellos de la misma Escuela de Ingeniería, ahí fuimos conversando y contactándonos y ellas me decían: “Vamos para allá” y yo iba para allá, la única manera la que era más inteligente, que sabía eso. ¡Todas trabajábamos!, una trabajaba en la universidad arriba en Playa Ancha, yo en el hospital en Peñablanca, la otra trabajaba no sé dónde, era la hermana de uno de los marinos; había una que no trabajaba que vivía con el papá y su niñita, y de repente se unía a nosotras una señora, pero creo que no era del mismo grupo, que venía del sur parece, que cuántas veces la traje para la casa, ella tenía unos conocidos pero cuando llegábamos de Santiago ya tan oscuro, la señora como era ya mayor no sabía dónde era la dirección”.

Ante la pregunta sobre los tiempos en que hacía las gestiones para proteger y defender a Mariano, ella explica: “Según los turnos del trabajo, por ejemplo: si yo tenía turno de ocho a cuatro, tenía de cuatro en adelante libre, el problema (…) era cuando yo entraba a las doce del día y estaba hasta las ocho de la noche de turno, en la mañana que es cortita, no se alcanza a hacer nada. Así es que siempre combinando y los turnos salientes de noche, que tenía al otro día libre, entonces ahí trataba de hacer trámites” (F. Calisto Alarcón, entrevista 6 de febrero de 2017).

En la entrevista hecha a Claudio Espinoza Torrecilla16, hijo de Eliana Torrecilla Navea, cuenta que: “En Valparaíso las familiares iban a fiscalía, al Juzgado Naval que estaba en la Primera Zona Naval (de Valparaíso), para ver qué pasaba con nosotros y ¡nada! no daban información ninguna”.

También iban al Obispado: “A pelear, donde el cura ese ¡que era más fascista que no sé qué!, el Emilio Tagle; fueron a hablar con él, que hiciera algo, que se moviera, pero nunca hizo nada” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

Patricio Cordero Cedraschi menciona que, mientras tanto en Talcahuano, los familiares demostraron como primera actitud: “Presencia física ante la Puerta de los Leones, ingreso a la Base Naval, reclamando por nuestras vidas, ya que (en este tiempo) las listas de los marineros detenidos han sido hechas públicas en la prensa escrita y televisiva de la época”.

Le consulto a Patricio sobre la manera en que establecieron contacto las familiares (las esposas, madres, hermanas, etc.) para organizarse, situación a la que él pone de relieve expresando: “La solidaridad nace en la calle, en las entradas de los lugares de detención se producen los primeros contactos y acercamientos personales”. Asegura que desde el momento de la detención de los marinos: “Comienzan los familiares a contactarse entre ellos y empieza a conformarse este grupo de apoyo”(P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

En relación a lo anterior, en su libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas Escuela de Ingeniería de la Armada de Chile 1973. Proceso 3941’ Mariano Ramírez (2010, p.79) expresa: “Familiares de algunos compañeros fueron levantando la voz por sus hijos y hermanos, el estupor de la sociedad chilena frente a la tortura que se había realizado con los detenidos, fue lo que

16  Claudio Espinoza Torrecilla, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 7 de agosto de 1973.

permitió de alguna manera que las familias fueran escuchadas por integrantes del Parlamento. Como resultado de ello, se formó el primer Comité de Solidaridad con los marinos torturados (…)”. Rose Marie Cordero Cedraschi comunica cómo fue ese contacto y actuar conjunto de los familiares: “Nos reuníamos en casas, nos unimos con otros familiares para compartir y saber noticias de los detenidos” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Sobre las instancias conjuntas para poder defender a los familiares detenidos, el lunes 20 de agosto de 1973 “se constituye en Valparaíso un Comité de Defensa de los Marinos Procesados. Como primera actividad, sus dirigentes van a entrevistarse con el intendente Hernán Concha para que les informe del paradero de los marinos, hasta entonces desconocido” (Magasich, 2008b, p.214).

La formación de la organización es puesta de manifiesto por Ibis Caballero Molina al recordar: “Yo participé; estaban todas ahí, las mamás también, las hermanas. No me acuerdo qué nombre le pusimos. Antes del golpe nosotras nos juntábamos, nosotras hicimos muchas cosas, fuimos a hablar hasta con el cardenal Silva Henríquez, anduvimos… ¡no hallábamos qué hacer!” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Otra de las acciones emprendidas por las familiares es la que relata Monsálvez (2010, p.104) en su libro ‘Agosto 1973. Proa al Golpe en la Armada: El caso ASMAR-Talcahuano’: “La senadora María Elena Carrera, en compañía de las dirigentas del‘Comité de Defensa de los Derechos Humanos de los marinos procesados’, Rebeca Herrera, Maritza [Marta] Cerna; Regina Muñoz y la ex candidata a senadora del MAPU Carmen Gloria Aguayo, ofrecieron una conferencia de prensa en la cual expresaron su solidaridad con los marinos detenidos, al mismo tiempo denunciaron que las personas detenidas han sido vejadas en Talcahuano y Valparaíso por el solo delito de negarse a participar en acciones golpistas”.

Ibis Caballero Molina continúa recordando: “El día del golpe nosotras teníamos una entrevista con el presidente Allende, pero como vino el golpe no pudimos ir. Eso fue lo que pasó. Antes del golpe estuvimos muy organizadas, nos movimos harto”.

Ibis reseña acerca de las diligencias que desarrollaban en Valparaíso en esa época: “Hacíamos muchas gestiones, ¡sí! pasábamos todos los días, todos los días íbamos a hablar ahí a la Fiscalía naval. Y hablábamos con el Intendente, con todos”.

También rememora la primera vez que pudo ver a Pedro, su marido: “Fui con las familiares de otros marinos: con la Eliana Torrecilla, la mamá de Claudio Espinoza, fue también la señora Rebeca Herrera, la mamá de Luis Ayala. Fuimos varias”.

Ibis sigue expresándose acerca de las actividades que hacían las familiares antes del golpe en ese organismo de defensa de los marinos detenidos: “Nosotras nos reuníamos todos los días, se puede decir. Nos juntábamos para saber cómo iban los trámites, conversábamos con los abogados, íbamos con ellos a la Fiscalía todos los días. Nunca nos dejamos estar. Hicimos una marcha en Valparaíso, fue una marcha grande, apoyándolos a ellos, a los marinos que estaban presos, y nos tiraron de esas bombas lacrimógenas. También íbamos a unas reuniones que nos hacían los ediles, antes les llamaban así [a los concejales], y ahí decían lo que iba a pasar si es que había golpe de Estado, nos decían todas esas cosas, que por eso teníamos que luchar para que no hubiera golpe. Hicimos muchas cosas por ellos, pero nada resultó” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Erika Jeldres menciona cómo realizaban las acciones relativas a los trámites: “Parece que fue todo en conjunto. Eso sí que yo no podía viajar para ir a hacerlos porque estaba en Santiago con mis niños, entonces mi hermana Margarita hizo muchos trámites con el papá”.

Y para poder ir a ver a su hermano Jaime se reunía con otras familias de los marinos: “Ahí conocimos más familias de Valparaíso: estaba la‘Gata’que le decían, era la señora Eliana Torrecilla, la mamá de Claudio Espinoza, estaban los familiares de Víctor Martínez17 y también nos encontramos con una familia de Santiago, la familia de Ernesto Zúñiga18; entonces ahí ya nos unimos, ahí fuimos todos, la primera vez que los pudimos ver” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

Oscar Carvajal Gallardo, otro de los marinos anti golpistas19, asegura que las esposas, madres y las hermanas, constituyeron un grupo para defenderles y denunciar lo que les estaba sucediendo a ellos: “Sí, así fue, lo formaron principalmente madres y algunas esposas. Creo necesario destacar a la señora Eliana Torrecilla, madre de Claudio Espinoza, la señora Rebeca Herrera, madre de Luis Ayala, la señora Arabela Alvear, madre de José Maldonado, Ibis Caballero, la esposa de Pedro Lagos por nombrar algunas”.

Agrega que las familiares con el objeto de denunciar lo que estaba pasando con los marinos detenidos hicieron actividades tales como: “Contactos con autoridades, organizaciones sociales y políticas” (O. Carvajal Gallardo, entrevista 15 de mayo de 2017).

Un ejemplo de las actividades es la efectuada en las últimas semanas de agosto de 1973 en la municipalidad de Valparaíso“con la asistencia de familiares de 18 marinos” (Chile Hoy 64, como se citó en Magasich, 2008b).

Ante la consulta acerca de cómo se organizaron las familias al producirse la detención de ellos, los marinos, Luis Ayala Herrera20 dice: “En los días siguientes, nuestros familiares que fueron advertidos por diferentes medios, se movilizaron y fueron a la Fiscalía Naval y ahí se dieron cuenta que éramos varios los detenidos y (…) se organizaron para repartirse las diferentes tareas” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

17 Víctor Martínez Cangana, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 10 de agosto de 1973.

18 Ernesto Zúñiga Vergara, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

19  Oscar Carvajal Gallardo, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 10 de agosto de 1973.

20 Luis Ayala Herrera, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

En el libro ‘Los que dijeron “No”: Historia del movimiento de los marinos antigolpistas de 1973’, el autor Jorge Magasich expone: “A partir del 20 de agosto se organizan comités de familiares de los marinos y comités de defensa de los derechos humanos, en Concepción, Valparaíso y Santiago, animados esencialmente por mujeres como Rebeca Herrera, Marta Cerna y Regina Muñoz. Ellas difunden las denuncias, hablan en las manifestaciones, piden la intervención de autoridades, y solicitan a la Armada que se anulen las declaraciones arrancadas bajo tortura. Varias de ellas se querellan contra los torturadores. (…) Con una abnegación extraordinaria, madres y cónyuges, se organizan para sustentar las familias y humanizar -algo- la prisión de los detenidos” (Magasich, 2008, p.397).

Luis Ayala Herrera relata que una de las primeras ideas que surgió fue: “La de pedir ayuda a los diferentes partidos políticos, autoridades y gentes conocidas para denunciar nuestro arresto por todos los medios, se creó una asesoría jurídica con un grupo de abogados solidarios con nuestra causa” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

EL APOYO JURÍDICO PRESTADO A LOS MARINOS DETENIDOS.

Al consultársele a Tomás Alonso Molinet acerca de la asesoría jurídica, cuenta: “Nosotros los marinos primero nos contactamos con el abogado Emilio Contardo21; nos dijeron que era socialista, entonces le pedimos que informara al Partido Socialista de Valparaíso de que nosotros estábamos detenidos” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

La esposa del marino anti golpista Miguel González González, Juana Cerna Rivera recuerda: “Las familiares de los marinos, nos fuimos conociendo entre sí y se acordó informarnos de las

21 Emilio Contardo Hogtert: Abogado, en 1973, en Valparaíso, estaba a cargo del Departamento Jurídico de la Intendencia.

 

cosas relacionadas con el proceso judicial y comunicarnos con el abogado” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

Sobre este enlace con abogados, el marino anti golpista Sergio Fuentes Paredes en entrevista con el historiador Jorge Magasich, expresa: “en el fondo, ese trabajo quién más lo desarrolla son los familiares. Lo que contaba antes Isabel22, los familiares desarrollan todo ese trabajo a través de los abogados” (Magasich, 2019).

Con relación al equipo jurídico que se formó en esos días, Ibis Caballero Molina añade: “En Valparaíso nos ayudaron profesionales, abogados muy buenos. A Pedro le tocó la abogada señora Graciela Kischinevzky Oyarzún23, todos tenían diferentes abogados porque varios se dispusieron a ayudar a los marinos, por ejemplo, Olga Morris y Emilio Contardo. Ellos se movieron mucho, por ellos pudimos verlos también” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

La abogada Graciela Kischinevzky al ser entrevistada por Jorge Magasich (2008b, p.189), da cuenta que el “fin de semana del 18 al 19 de agosto se convoca, de urgencia, una reunión de abogados de izquierda en Valparaíso, a la que llegan unos 20 (…) [reunión] que se inicia con un informe de Emilio Contardo”.

Sobre el grupo de abogados de ese período Luis Ayala Herrera expone: “La ayuda llegó poco a poco a medida que la organización [se refiere al Comité creado por familiares de los marinos detenidos] daba a conocer nuestro caso y pienso que entre el 15 y 20 de agosto se formó el grupo de abogados” (L. Ayala Herrera, entrevista de febrero 2017).

22 Alude a Isabel Arévalo Pimiento.

23 Graciela Kischinevzky Oyarzún: Abogada. En 1973 ejerce “en el Servicio de Asistencia Judicial del Colegio de Abogados de Valparaíso”, después del golpe de Estado recibió amenazas y estuvo detenida en el cuartel Silva Palma; posteriormente se asila en la embajada de Bélgica” (Magasich Airola, 2017. https://www.marineros- constitucionalistas-chile.com/fallece-la-abogada-graciela-kischinevzky/).

 

Apuntando a los acontecimientos de esa época Olga Morris Barrios, quien en 1973 era abogada de la Delegación Zonal del Ministerio de la Vivienda en Valparaíso, en entrevista que Magasich le hace en el libro‘Testimonios de militares antigolpistas’ (2019, p.1215) afirma que “(…) los partidos de la Unidad Popular se inquietan y nominan a varios abogados para que se hagan responsables de eso. A Emilio Contardo por el Partido Socialista, la que habla que en aquel momento representa al Partido Comunista, y al abogado Enríquez, de Concepción, que lo designa el MIR. Por la gran cantidad de marinos que son detenidos en Talcahuano”.

Luis Ayala Herrera sigue contando que: “Esa fue la fecha en que llegaron los compañeros de Talcahuano, y que llegaron con machucones, cojeando, hinchados y con vendas por los malos tratos, torturas que habían sufrido” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

A su vez los profesionales conocieron las condiciones de los detenidos, como lo expresa la abogada Kischinevzky: “Eso era muy grave y todo eso en ese momento era una cosa que había que tomarla inmediatamente en la defensa, porque estos marinos fueron todos tomados prisioneros y torturados de una manera terrible” (Magasich, 2019, p.1207).

Por su parte, Oscar Carvajal Gallardo sobre el asunto jurídico recuerda: “Mi padre, entonces militante del Partido Comunista, se comunicó con Olga Morris abogada y también militante comunista. No sé si ella ya había tomado la determinación de participar como defensora o lo hizo después de que mi padre la contactara”.

Sobre la fecha en que su papá se comunicó con Olga Morris expone: “Yo fui detenido el 10 de agosto y trasladado el mismo día a Talcahuano. Cuando regresé unos diez días después, fui contactado por Olga Morris” (O. Carvajal Gallardo, entrevista 15 de mayo de 2017).

Otra abogada que formó parte del grupo que dio su apoyo a los marinos detenidos, fue Zorka Kovacich quien fue designada

 

por el marino Ernesto Zúñiga Vergara para que lo defendiera (Magasich, 2008b, p.190). Sobre Zorka, su colega Olga Morris contó que después del golpe: “fue detenida, estuvo presa en el Lebu, torturada” (Magasich, 2019, p.1215).

Quienes también integraron el equipo jurídico en Valparaíso fueron las abogadas Carmen Villanueva, que partió al exilio después del golpe de Estado y Eliana Ceriani Bórquez. Esta última se quedará en el país “donde será detenida en octubre-noviembre de 1973. Su marido, Carlos Gajardo, profesor de la Escuela de Arquitectura, es detenido y desaparece en septiembre de 1974” (Magasich, 2008b, p.289).

La abogada Olga Morris Barrios es especialmente recordada con relación a los hechos ocurridos antes del 11 de septiembre de 1973. Mariano Ramírez Ramírez se refiere a ella con gratitud al contar lo sucedido a los días de haber sido detenido: “(…) afortunadamente después tuvimos la posibilidad de que una abogada, la Olga Morris, fuera a visitar mi casa, esto no es porque yo me llamara Mariano Ramírez, sino que ella iba adonde un vecino mío que era marino, y era comunista. Entonces ahí ella supo, se enteró de las detenciones nuestras y se fue a la población Wilson y habló con mi mujer y la orientó para que botara todo lo que había que botar, entonces mi mujer le dijo: “Pero si esos tienen planos de la Escuela de Ingeniería, tienen papeles que están estudiando”.

La Olga Morris le respondió: “No, eso no lo van a entender, van a creer que ustedes están haciendo cualquier cosa o que van a hacer cualquier cosa”. Así es que eso ayudó a que la cosa se facilitara en el sentido de la seguridad. Eso fue lo del momento de la detención y de la visita a mi mujer y luego la ayuda que tuvimos de ella que después fue defensora, era interesante la mujer porque se veía súper complicada la cosa (…) Olga Morris hizo todo lo que pudo por ayudarnos” (M. Ramírez Ramírez, entrevista 6 de febrero de 2017).

Roberto Fuentes Fuentes nunca olvidó que estando presos en régimen de castigo en el cuartel Silva Palma llegó una abogada: “Una vez allí Olga Morris, que se puso a patear, a golpear ahí la puerta de fierro”; lo que él pudo escuchar bien, puesto que estaba

 

preso en un lugar cercano a esa puerta. Recuerda que era tarde y que siempre había un guardia afuera, sin embargo, esa vez éste se metió adentro y cerraron. Roberto agrega: “Desde donde estaba yo, sentía como ella golpeaba y gritaba “¡Yo sé que están ahí!, ¡abran la puerta!, ¡quiero hablar con ellos!, ¡exijo hablar con ellos!, ¡yo sé que ustedes están escuchándome, abran la puerta!” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 de febrero de 2017).

Para conocer más acerca de esta abogada, su hermano Eduardo Morris Barrios pone de manifiesto el papel de Olga en la defensa de los marinos detenidos antes del golpe de Estado civil militar: “Marinos Anti golpistas se dieron cuenta que al interior de la Armada había movimientos golpistas por parte de la oficialidad máxima de almirantes, contralmirantes, vicealmirantes, capitanes de navíos, que estaban complotando contra el gobierno del compañero Allende. Esos oficiales hicieron el trabajo de detectarlos, detenerlos y torturarlos, y eso trascendió a la opinión pública por los familiares de esos marinos y se organizó un grupo de abogados encabezado por Emilio Contardo. Emilio era muy amigo de Olga. Él y Olga empezaron a organizar la defensa de estos marinos” (E. Morris Barrios, entrevista 28 de febrero de 2017).

El marino anti golpista Oscar Carvajal Gallardo recuerda una acción judicial por parte de Olga Morris “presenta ante la Fiscalía Naval una denuncia por torturas o malos tratos. Esta acción sigue su curso después del golpe de Estado pero finalmente queda en el olvido” (Magasich, 2008b, p.236).

El historiador Jorge Magasich entrevistó a Olga Morris en el marco de su tesis doctoral “Ceux qui ont dit ‘Non’”, ULB. Allí él le preguntó sobre el accionar del grupo de abogados: “¿Qué estrategia jurídica se dan?” a lo que la abogada respondió: “(…) Bueno, lo primero es paralizar las torturas, denunciar aquello, recurrir a los tribunales para asumir su defensa y lograr la libertad de estos marinos” (Magasich, 2007).

El abogado Roberto Irribarra Guerrero revela el contexto en que la abogada Olga Morris conoció a los marinos: “Ella trabajaba en la Asociación de Ahorro y Préstamo Diego Portales. Ahí conoció la Cooperativa de marinos de la Población Wilson de Peñablanca, que había pedido préstamo a la Asociación. Entonces venían a la oficina los marinos”.

Eso sucedió antes de que a la abogada la despidieran, hecho que ocurrió “como el año ‘67. A Olga la despiden por ser una mujer que no se prestó para los ‘chanchullos’ [hechos indebidos] de la Asociación. Ellos abusaban de los cooperados de las Cooperativas. Los tipos no les resolvían los problemas…” (R. Irribarra Guerrero, entrevista 30 de marzo de 2017).

En otra parte de la entrevista, Roberto Irribarra Guerrero revive ese tiempo: “Después del 29 de julio de 1973, nosotros con la Olga de nuevo activamos la red en el sentido de qué había pasado con nuestros amigos24 y cuando ellos cayeron presos, de nuevo la Olga volvió a actuar”.

Tal como es planteado por el historiador Jorge Magasich: “La abogada se pone en contacto con Emilio Contardo, y finalmente los partidos de la Unidad Popular deciden organizar la defensa” (Magasich, 2008b, p.189).

Roberto Irribarra Guerrero prosigue aportando detalles: “La Olga fue la primera abogado que entró arriba al Cuartel Silva Palma. Después del 29 de julio25 pasaron veinte días desde que detuvieron al primer marino, pasaron veinte días en que los tuvieron escondidos, no los dejaban ver, los otros compañeros

24 Se refiere a los marinos de la Población Wilson que fueron detenidos por la Armada.

25 El regimiento blindado número II ataca el Palacio de La Moneda el 29 de junio de 1973 a las nueve de la mañana, provisto con seis tanques. (…) Durante el intento de golpe de estado mueren 22 personas. Entre ellos Leonardo Henrichsen (camarógrafo argentino) que fue disparado mientras grababa a uno de los militares sublevados. Una vez confirmada la derrota del golpe la democracia cristiana apoya al gobierno constitucional. Por su parte, el Partido Nacional se mantiene en silencio y el grupo Patria y libertad se confiesa como autores intelectuales del mismo al esconderse en la embajada de Ecuador (Parejo Rendón, 2017. https://www.revistalacomuna.com/cultura-y-memoria/1973-chile-el-golpe- imperialista/).

marinos nos avisaron, las compañeras de los marinos, funcionaron los aparatos de información de los partidos”.

Roberto menciona el momento en que la Armada deja ver a los marinos detenidos: “Veinte días después de que ellos habían sido detenidos porque los compañeros estaban súper torturados, esperaron que ellos se recuperaran… nos muestran algunos que les faltaban las uñas, eso fue así” (R. Irribarra Guerrero, entrevista 30 de marzo de 2017).

Con respecto a eso mismo, en el libro ‘Los que dijeron “No”, de Jorge Magasich (2008b, p.190), se lee lo siguiente: “El plazo máximo de cinco días para retener un detenido sin presentarlo ante el juez, no es respetado. En la mayoría de los casos, Emilio Contardo y Olga Morris verán a sus defendidos sólo unos quince días después de las detenciones. Consiguen hablar con Juan Cárdenas, quien tiene aún marcas evidentes de torturas. Se enteran de que algunos detenidos habían sido maniatados con alambres de púa, e incluso la abogada consigue guardar una muestra del alambre para utilizarla en el proceso, pero la misma desaparecerá durante el saqueo de su casa26 (…)”.

Roberto Irribarra pone énfasis en lo sucedido a Olga cuando llega el golpe de Estado: “Ella fue una abogada de terreno. Se va a la clandestinidad” (R. Irribarra Guerrero, entrevista 30 de marzo de 2017).

Olga Morris Barrios falleció el 29 junio del año 2015.

 LA ACCIÓN DE DENUNCIA Y DIFUSIÓN DE LA SITUACIÓN DE LOS MARINOS DETENIDOS.

Como los familiares de los marinos comenzaron a establecer contacto entre ellos y vieron la necesidad de actuar en conjunto, se pusieron de acuerdo para hacer gestiones grupalmente. Con relación a eso, Tomás Alonso Molinet asegura:

26 La casa de la abogada fue allanada durante el golpe civil-militar.

“Nuestras madres, novias, hermanas, hermanos, nuestros familiares se movieron por nosotros, hicieron lo que pudieron, conversaron con varios senadores, diputados, con mucha gente” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Los familiares decidieron extender la información acudiendo a todos los lugares donde podían exponer lo que estaba sucediendo. Mariano Ramírez (p.79) en su libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas…’, subraya lo siguiente: “Familiares de algunos compañeros fueron levantando la voz por sus hijos y hermanos, el estupor de la sociedad chilena frente a la tortura que se había realizado con los detenidos, fue lo que permitió de alguna manera que las familias fueran escuchadas por integrantes del Parlamento. Como resultado de ello, se formó el primer Comité de Solidaridad con los marinos torturados y en poco tiempo fueron muchas las organizaciones, personalidades, dirigentes sociales y políticos que abogaron por esclarecer la verdad en estos hechos e intentar nuestra libertad”.

Las familiares sabían que había que difundir tratando de abarcar al mayor número de personas, organizaciones, políticos, etc., por ello consideraron que hacerlo a través de la radio era una buena posibilidad, es así como acuden a radios de Valparaíso, entre ellas la Radio Porteña que fue uno de los medios más favorables a abrirles las puertas. Esta “radio da a menudo la palabra a los familiares de los marinos que denuncian los malos tratos” (Magasich, 2008b, p.221).

El domingo 19 de agosto de 1973 en el teatro Velarde de Valparaíso se llevó a cabo la primera manifestación pública de solidaridad, la que“es organizada por el MAPU. En el acto llamado ‘diálogo popular’ participan representantes de los comités de defensa constituidos después del Tanquetazo y el sector más radical de la izquierda (…). Toman la palabra dirigentes de los cordones industriales de Chorrillos, El Salto, Villa Alemana y Quillota, así como la madre de uno de los marinos detenidos” (Magasich, 2008b, p.217).

¿Quiénes formaron la organización para defender a los marinos detenidos? Luis Ayala Herrera afirma: “Podían ser parte de esta organización todos los familiares y amigos que lo deseaban”.

Además, explica: “En vista de la situación que estábamos pasando, los familiares junto con los abogados actuaron en el plano nacional como en el internacional: En el plano interno se acuerda pedir audiencia con las autoridades políticas, religiosas, gremiales. Audiencia con el Cardenal Silva Henríquez: que las recibe y les dice “¡Ay! Hijas mías, recen mucho, que lo que viene va a ser terrible”.

“Segunda audiencia: con el Secretario General de la CUT [Central Única de Trabajadores], don Lucho Figueroa, que estuvo muy sorprendido al ver a mi madre, ya que habían militado juntos en el PC [Partido Comunista] en los años cincuenta, y que les pregunta: “¿Qué les trae por aquí?”. Nuestros familiares, después de explicar la situación nuestra le pidieron si podía él a través de la CUT organizar un paro nacional para exigir nuestra liberación, a lo cual él respondió que no era posible “visto el estado actual del país…” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Jorge Magasich en su libro“Los que dijeron‘No’…”(2008b, p.226), expone que a esa reunión del lunes 3 de septiembre en Santiago asistieron “las dirigentas del Comité de Defensa de los Marineros Procesados: señora Rebeca Herrera, presidenta, acompañada por Ibis Caballero, Petronila Molinet, Regina Muñoz y otras. Estas piden la solidaridad de los trabajadores con los marinos (…)”.

Luis Ayala Herrera continúa describiendo las audiencias solicitadas por el Comité: “Tercera audiencia: la que habían pedido con el presidente Allende y que no habían recibido respuesta. En vista de todas estas negativas y con la moral en los talones, siguieron batallando, nuestras vidas dependían.

“En lo internacional o hacia el exterior, ya que de eso se trataba, se acordó hacer listas de todos los Marinos Anti-Golpistas detenidos en Valparaíso y en Talcahuano, listas con el máximo de detalles: nombre completo, grado, lugar de detención, unidad a la cual pertenecían, etc. La idea era mandar estas listas a todos los organismos de derechos humanos acreditados en el país y también al extranjero, embajadas, y también al Vaticano a ver si el Papa podía hacer algo por nosotros. Y esto con la idea de dejar una huella de nuestra existencia y como último grito de desesperación ya que vivíamos los últimos días de democracia en el país”.

Con relación a la periodicidad con la que se reunían las familiares para organizar las actividades en defensa y denuncia de lo que ellos estaban viviendo, Luis comenta: “Yo puedo decir que el calendario que tenían era muy cargado y por la urgencia del caso, ellas no paraban. ¡Estábamos contra el tiempo! Esto duró, yo creo, cuatro semanas” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Magasich se refiere además sobre otras actividades que tenían las familiares del Comité en los primeros días de septiembre de 1973: “Una reunión en la Casa del Maestro en Valparaíso; que el jueves próximo se proponen dar una conferencia de prensa en el Senado, y que el próximo lunes 10 tienen proyectada una concentración en la Plaza del Pueblo en Valparaíso, con adhesión del Frente Patriótico de Mujeres y la CUT”(Magasich, 2008b, p.227).

Acerca de cómo y cuándo supo de la existencia de la organización creada por sus familias, Luis Ayala señaló: “Yo lo supe inmediatamente después de mi salida de la incomunicación que duró catorce días. Fui detenido el 6 de agosto. En la primera visita de mi madre [Rebeca Herrera Urbina] al Silva Palma, me puso al corriente, me dijo que “ya estaban organizadas” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Se puede decir que el nacimiento de este comité de apoyo y defensa de los derechos humanos es la génesis de las organizaciones que se crean en el país después del 11 de septiembre de 1973. En el libro de Magasich (2008b, p.312) podemos leer: “Prefigurando el rol que desempeñarán las asociaciones de víctimas, el Comité de familiares de los marinos, compuesto casi exclusivamente por mujeres, golpea las puertas de las autoridades e instituciones, con una perseverancia inalterable. Sebastián Ibarra recuerda que, ‘eran todas mamás nuestras y éramos todos hijos de todas las mamás’. Había una cuestión muy bonita, muy rica’”.

En el caso de María Mercedes Muñoz, que el primer período de la detención de su esposo la vivió en Talcahuano, ella recuerda al abogado Pedro Enríquez “el primer abogado que asume la defensa de los marinos” (Magasich, 2008b, p.148) y manifiesta que el profesional: “Fue el que hizo la primera reunión que tuvimos y ahí nos hizo que los familiares nos agrupáramos y fuéramos a distintas industrias, al cordón industrial, que saliéramos a las calles a denunciar lo que estaba ocurriendo con los marinos detenidos porque ellos habían sido los primeros, pero después todos íbamos a ser los oprimidos (y que es lo que sucedió después). Entonces nos dieron tareas. Y antes de eso nos tomamos la radio Talcahuano entre los padres de Tomás Matus27, Víctor Reiman28, la que habla y había otro señor de Santiago, Jaramillo. Pero esa toma fue un arreglo que se hizo con el locutor Benito Rocha que iba a estar en ese momento, él nos ayudó, este señor era de izquierda, conocía al papá de Tomás Matus, entonces el locutor lo hizo para que saliera más a la publicidad, porque como esto estaba oculto y la Armada lo estaba controlando todo, entonces para que se supiera. Se pudo hacer eso, pero hubo que llevar, entregar el papel, hablamos y tuvimos que salir arrancando altiro y cada cual para distintos lados. Ese día de la toma de la radio yo andaba con mi padre, porque cuando sucedió esto y ya me di cuenta de todas las cosas, entonces le mandé un telegrama acá para Valparaíso (sí, yo soy de acá de Valparaíso) entonces él fue a Talcahuano. Mi papá era de izquierda, muy de izquierda, era del Partido Comunista y yo también, para tener un poquito de libertad, me inscribí también, me metí a ‘la Jota’ [Juventudes Comunistas de Chile (JJCC)]; entonces le mandé un telegrama lo más corto posible porque salía caro y yo no tenía los medios porque ¿qué pasó? cayeron detenidos y les quitaron todo, todo, ‘la plata’, todo, no les pagaron sueldo” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Acerca de otras actividades que hicieron, además de tomarse la radio, María Mercedes cuenta: “Fuimos a la calle, pero no

27  Tomás Matus Poblete, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 9 de agosto de 1973.

28  Víctor Reiman Campos, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 9 de agosto de 1973.

abiertamente porque estábamos amenazados, así es que no podíamos darnos a conocer. Cuando íbamos a las industrias, íbamos en la noche cuando los trabajadores ya estaban cerrando. Y por casualidad, en una de estas veces, nos anunciaron que los marinos estaban detenidos y todo, entonces nos dejaron entrar a verlos en una escuela que está dentro de la base naval”. En esos días, la Armada reconoció que tenía a los marinos detenidos.

Para dar a conocer más en cuanto a la acción de las familias, Roberto Fuentes Fuentes dice: “Estando detenido en el cuartel Silva Palma, después de un tiempo yo pasé a libre plática y ahí me fueron a ver mi madre, su nombre era María Luisa Fuentes Fuentes, mi hermana Mónica y mi hermano Pascual”. Con respecto a la organización de las familiares, él enfatiza: “Se levantó un movimiento de defensa de los marinos”.

¿Cada cuánto tiempo se reunía el grupo de las madres, las hermanas, familiares de los marinos para poder organizar las actividades de ayuda? A propósito de ello, Roberto rememora y añade:“Parece que era bien continuo. Especialmente mi madre que tenía cincuenta y tres años y era una de más de edad del grupo; la mayoría eran esposas, y algunas madres de presos participaban; en mi caso era mi madre la que participaba, ella se comprometió por entero, iba a todas las cosas y como tenía mucha energía y dada su entrega, ella siempre iba a las reuniones, participaba en todas las actividades. Había otra madre también, la señora Arabela Alvear que era de Quilpué, Limache, de esos lugares, era la mamá de José Maldonado Alvear29, la señora Arabela era como de la edad de mi madre y ella participaba algunas veces, por un período lo hizo muy intenso y después esta señora se enfermó” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Para denunciar la situación, los familiares efectuaron variadas actividades, por ejemplo, Regina Muñoz Vera señala que: “Con el respaldo de este grupo político [se refiere al MIR], se efectuó una campaña para dar a conocer las razones por las cuales se les había

29  José Maldonado Alvear, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 8 de agosto de 1973.

encarcelado (oponerse o evitar el golpe de Estado que todos sabían que se efectuaría) y las torturas que estaban sufriendo. En aquella campaña participé en mítines con trabajadores, entrevistas de radio, diarios y televisión” y agrega “fui con familiares de marinos a una entrevista con el Cardenal Raúl Silva Henríquez quien, no fue muy afable” (R. Muñoz Vera, entrevista 14 y 18 de abril de 2017).

Por su parte, Rosalía Delgado Naranjo, a la pregunta de si antes del golpe, las familiares de los marinos hicieron actividades conjuntas para defenderlos, dice que: “Hicieron trámites con los abogados, y que para denunciar su situación, hicieron una reunión en el Teatro Avenida30 en la Avenida Argentina” (R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

Con lo anterior Rosalía se está refiriendo al último acto solidario que se efectuó en Valparaíso el miércoles 5 de septiembre de 1973 y que fue “organizado por el MAPU de Valparaíso y por los familiares de los marinos detenidos. Ahí, tal vez por primera vez en la Historia de Chile, tomará la palabra un marino”(Magasich, 2008b, p.223), el cabo segundo Juan López Chamorro y dos madres de los detenidos.

Sobre esta gran actividad, el historiador Jorge Magasich relata en su libro que siendo las 19 horas de ese miércoles 5 de septiembre “el teatro Avenida está repleto; flamean banderas de los partidos mientras se grita ¡Marino, amigo, el pueblo está contigo! El acto es trasmitido en directo por tres radioemisoras locales. Leopoldo Luna estima los asistentes en 5.000, de los que 4.500 son mujeres y niños y recuerda que el protagonismo lo toman las mujeres y madres de los marinos detenidos. Toma la palabra Anabela Maldonado, madre de Hugo y José Maldonado, y la señora Rebeca Herrera, madre de Luis Ayala, y está presente Regina Muñoz, mujer del sargento Cárdenas” (Magasich, 2008b, p.224). Leopoldo Luna Soto, al 11 de septiembre de 1973 era secretario regional del Mapu.

Rosalía Delgado Naranjo recuerda que, en esa ocasión a la salida

30 Teatro Avenida de Valparaíso, ubicado en la Avenida Argentina, frente a la Casa Central de la Universidad Católica de Valparaíso.

del Teatro: “Nos reprimieron con gases lacrimógenos mientras las personas que habían asistido al acto corrían tratando de protegerse” (R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

Como está expresado anteriormente, con lo sucedido en este acto hay hechos que se dan por primera vez en la historia del país y durante el gobierno de la Unidad Popular. Jorge Magasich (2008a, p.16-17) plantea: “El término “primera vez” puede aplicarse a menudo  al caso de los marinos, que encarna el ocaso de la democracia y la emergencia de la dictadura. Por primera vez militantes de izquierda retiran de sus domicilios, con apresuramiento, toda documentación o libro revelador de sus ideas políticas; por primera vez comandos de la Marina interrumpen ilegalmente transmisiones radiales; por primera vez destacamentos de soldados (no de carabineros) cercan un teatro y detienen a los participantes de una manifestación de solidaridad con los marinos detenidos, con una violencia entonces desconocida”.

En relación a la participación de su mamá en el Comité de Familiares de Defensa de los Marinos, Tomás Alonso Molinet confiesa que: “Ella jamás había estado metida en ninguna cosa así, mi mamá no tenía idea, jamás había estado en una concentración, que cuando terminó el acto en el Teatro Avenida, salieron con pancartas, con letreros, por ahí empezaron a tirar gases lacrimógenos, entonces como reventaba todo eso, y como mi mamá todavía no sentía el efecto del gas, ella creía que eran fuegos artificiales, entonces le dice a la mamá de otro marino: “Oye, ¡nos están celebrando con fuegos artificiales!” Y la que era la señora de un compañero nuestro que estaba preso con nosotros, le dice: “¡No, si esos son gases lacrimógenos!” ¡Claro! si te digo que ella era una persona que nunca

¡nunca en su vida había andado metida en alguna cosa!”.

Se le consulta a Tomás si a causa de esa represión a la salida del Teatro Avenida su mamá quedó con temor y se vuelve inactiva, él aclara: “No, no, porque ella parece que estaba encargada de juntar dinero para comprar los materiales. No, no se atemorizó… bueno en ese tiempo era más jovencita también, yo tenía 23, ella tenía 43 años” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Las familiares de los marinos anti golpistas tenían claro que era muy importante actuar rápido para denunciar la situación por la que estaban pasando sus hijos, sus esposos, sus novios, todos detenidos por la Armada y sufriendo las torturas que se habían empezado a aplicar. Se dirigen a Santiago a entrevistarse con la diputada Fidelma Allende Miranda31.

En el libro de Magasich (2019, p.1174) la diputada relata la conversación que sostuvo con las esposas de los marinos en los primeros días de septiembre de 1973: “Yo recibí a las mujeres de los marinos en la sede de la CUT de esa época, que estaba ubicada en calle Cienfuegos. Ellas viajaron desde Valparaíso, deben haber sido 6 o 7 señoras. Eran muy claras en sus planteamientos y tuve la impresión que estaban dispuestas a luchar por dar a conocer su verdad y porque se hiciera justicia. Ellas deseaban ser recibidas por el Presidente y allí hacer entrega de un libro o cuaderno que contenía los nombres de los marinos y los tipos de vejámenes a que habían sido sometidos. En la conversación ellas me entregaron detalles de la situación en que se encontraban sus maridos, deseaban que el cuaderno y la conversación fuera transmitida al Presidente. La mayor preocupación en esos días era como poner fin a la pesadilla que estaban viviendo sus esposos, hacer conciencia que ellos eran constitucionalistas y que no habían cometido ningún delito. Al mismo tiempo me solicitaron que yo participara en una concentración que se estaba preparando en Valparaíso, de apoyo a los marinos y que debía realizarse, no recuerdo exactamente si el lunes 10 o el miércoles 12”.

Sobre las torturas a las que fueron sometidos, se refiere Roberto Fuentes Fuentes al hacer referencia de sus primeras horas de detención en el cuartel Silva Palma:“Y ahí yo vi pasar a compañeros que venían en muy mal estado. Yo soy testigo de tortura del sargento Juan Cárdenas y de Pedro Blaset; a Cárdenas lo llevaban como cuatro personas porque no podía caminar y a Pedro Blaset lo llevaban como tres personas porque él tenía una pierna no

31 Fidelma Allende Miranda, en representación del Partido Socialista, diputada por la Séptima Agrupación Departamental Santiago Primer Distrito, al año 1973.

más donde se apoyaba; a ellos los tomaron acá en Valparaíso” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Apuntando también a las vejaciones, Luis Ayala Herrera relata que: “Fuimos detenidos a partir del 6 de agosto, los primeros en Valparaíso y de inmediato comenzaron las torturas a medida que íbamos cayendo detenidos; nos trasladaron a lugares como el Fuerte Vergara [ubicado en Viña del Mar] y al cuartel Silva Palma [cárcel de la Marina] en Valparaíso” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Las familiares, a consecuencia de ello: “La primera tarea que se dieron de manera imperativa, fue la de denunciar por todos los medios posibles nuestra detención y la tortura a la cual éramos sometidos. Hay que tener en cuenta que estamos ya como a 20 de agosto del ‘73 y estamos en una carrera contra el tiempo” enfatiza Luis, y agrega: “Se puede imaginar la angustia de nuestros familiares, y nuestra también, de saber que ¡los oficiales que nosotros denunciamos como sediciosos y golpistas serían los que tomarían el poder en un futuro próximo! Además, que todo el contexto nacional nos indicaba que era el final del gobierno de Allende y que la liberación nuestra era nuestra única salvación”.

La prensa de la época informa sobre las acciones de denuncia que estaban haciendo las familiares. Se leían títulos como “Esposasdelos marinos denuncian torturas”, “Madres y esposas de flagelados piden justicia”, en el diario‘El Siglo’y en el‘Puro Chile’, respectivamente. En tanto que los “periódicos próximos a la corriente más de izquierda denuncian intensamente las torturas” (Magasich, 2008b, p.212) es el caso de ‘Chile Hoy’ de fecha 24 de agosto en que Regina Muñoz Vera “explica que los detenidos han sido flagelados hasta lo más íntimo y que intenta hacerse oír por las autoridades para que se haga justicia y no vuelvan a ocurrir estas situaciones. Cree que el Presidente está mal informado, que ‘no le llegan bien las cosas’” (Magasich, 2008b, p.213).

El historiador Jorge Magasich en el libro “Los que dijeron ‘No’” (2008b, p.221), expone que, dentro de las actividades de denuncia por parte de Regina Muñoz Vera, también estaba la asistencia a programas de radio. Estando en uno de ellos, en la Radio Porteña el 26 de agosto en la tarde, hay una acción represiva por parte de la Armada, la que allana el lugar. El oficial a cargo suspende la transmisión y detiene a los participantes, quienes, sólo después de ser interrogados, son dejados en libertad.

Reafirmando la necesidad de informar sobre lo vivenciado en aquel tiempo, Patricio Cordero Cedraschi testimonia lo siguiente: “Las primeras denuncias naturalmente fueron de las torturas, hechos inimaginables en nuestra República, pero nosotros percibíamos eso que podía venir. Por lo tanto, es lo que más repercute en la opinión pública y autoridades. Se da entonces inicio a un proceso de investigación dirigido por Orlando Letelier Ministro de Defensa32 y el Almirante Montero33 en contra de los torturadores. El tiempo corría en contra nuestra y a partir de nuestras entrevistas con los abogados en la Cárcel de Talcahuano después de quince días de incomunicación en los cuarteles de la Infantería de Marina, es que se hace público el fenómeno ‘Torturas’ en Chile” (P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Referente a las torturas, en el libro ‘Bautista Van Schouwen. Que la dignidad se haga costumbre’, de Marco Álvarez, Jaime Navarrete Vergara (2018, p.166) asegura que “los altos oficiales sometieron a un régimen de tortura a los soldados democráticos, desarticulando su movimiento de lealtad al gobierno constitucional. Este hito constituiría más tarde un caso dramático de violación a los derechos humanos previo al golpe pinochetista”.

Patricio Cordero Cedraschi apunta a que al grupo de las familiares y abogados denunciantes se agregaron después: “Algunos partidos políticos de la coalición de gobierno, sindicatos, estudiantes” y posteriormente “organizaciones eclesiásticas” (P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

32  Orlando Letelier del Solar. Ministro de Defensa al 11 de septiembre de 1973.

33 Raúl Montero Cornejo. Comandante en Jefe de la Armada desde 1970 al 11 de septiembre de 1973.

Con relación también a dar a conocer la situación, Roberto Fuentes Fuentes narra que su mamá y su hermana, cuando lo fueron a ver al cuartel Silva Palma, le contaron que ya se estaban organizando:“Pero no me dan detalles de qué era tal organización, sino que los familiares de los detenidos piden ayuda exterior para empezar a exigir que nos dejaran en libertad y que se explicara. La prensa de ese período también decía ‘Marino torturado, estamos a tu lado’ y un montón de otras cosas: hubo un acto en el Teatro Avenida, manifestaciones por las calles, esa vez tiraron bombas lacrimógenas, eso ya iba demostrando la agresividad ¡y lo que venía! y golpes, si ahí golpearon también” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Roberto además recuerda que su mamá y su hermana le dijeron que “los familiares de los detenidos, todos estamos juntándonos para poder, para que nos den… y nos están ayudando para los actos y la denuncia para que se aclare qué pasa”.

A su vez Tomás Alonso Molinet alude a la acción de denuncia de los familiares:“Empezaron ya a protestar, a pedir nuestra liberación, planteando que nosotros no estamos contra el gobierno, todo esto antes del 11 de septiembre del ‘73, e incluso se hizo por ahí un acto grande en el Teatro Avenida donde asistieron algunos que estuvieron presos con nosotros: hay un muchacho, el cabo segundo Juan López34, que fue allá y habló ahí muy emocionado”.

Y ante la pregunta ¿Cómo ese marino pudo asistir al acto? Tomás explica: “Porque salió en libertad, no le encontraron pruebas, creo que ni siquiera estaba metido, pero vio la situación, se dio cuenta que nosotros no estábamos contra el gobierno y seguramente él también tenía la misma opinión nuestra. Juan López Chamorro fue al acto y allí habló” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

En el libro‘Testimonios de militares antigolpistas’, Jorge Magasich (2019, p.587) dice que este cabo López Chamorro“interviene como

34 Juan López Chamorro, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 10 de agosto de 1973.

orador central en el último acto de solidaridad con los marinos que se realiza el 5 de septiembre en el teatro Avenida de Valparaíso”.

Tomás Alonso Molinet sigue contando: “Entonces de ahí se acordó pedirle a Allende, porque iba a venir a Valparaíso a un acto en el Parque Italia, se le iba a pedir que interviniera y nos dejara en libertad. Pero no vino Allende a ese acto en que todos le iban a pedir eso”. (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Luis Ayala Herrera también hace presente esa actividad: “Fue un mitin que se hizo en el Teatro Avenida de Valparaíso, convocado por los sindicatos de la región, Viña, Con-Cón, partidos políticos y mucha gente que vino a manifestar su solidaridad y exigir nuestra liberación” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Jorge Magasich (2019, p.1013) pregunta sobre la organización de este acto del día 5 de septiembre de 1973 al Secretario Regional del MAPU, Leopoldo Luna Soto, quien dice: “Las madres de los marinos particularmente la Arabela Maldonado y la madre del ‘ratón’ Ayala, porque las dos eran ‘calerinas’, de La Calera, parece que tenían entre ellas cierta amistad. Ellas de alguna manera transmiten este cuento. En algún momento lo había transmitido la señora de Cárdenas, habían planteado, yo me junté alguna vez con la mujer de Cárdenas, y también había dicho que bueno que sería bueno hacer algo público. Había habido cosas públicas, pero que había que buscar hacerlo por la vía de las mujeres: que las mujeres eran las que estaban hoy día pasándolas ‘como el forro’ [muy mal], porque se habían quedado sin maridos, sin comida, sin trabajo, sin nada”.

Luis Ayala Herrera prosigue su relato acerca de ese acto:“El Teatro estaba lleno, después de muchos saludos de apoyo vino el discurso central de parte de la presidenta de los Familiares de Marinos Anti- Golpistas [Rebeca Herrera Urbina], muy emotivo, produjo una gran ovación, terminando el acto con ‘la Internacional’35 y seguido de

35 “La Internacional” es históricamente el himno internacionalista del proletariado revolucionario. Su letra original fue escrita por el obrero electo de la Comuna de París Eugène Pottier, en junio de 1871. La música la compuso a su vez otro obrero,

un desfile por la Avenida Pedro Montt” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Y tal como más arriba lo recuerda Rosalía Delgado Naranjo, Luis señala que la “manifestación fue duramente reprimida por la policía con bombas lacrimógenas, guanacos y todo lo demás. Es lo último que me acuerdo de dicha organización”.

APOYO SURGIDO DESDE

DIVERSAS ORGANIZACIONES.

 Producto de la situación difundida por las familiares, en la región de Valparaíso se levanta una ola de apoyo que surge de diferentes ámbitos, por ejemplo hubo ayuda de gente vecina al cuartel Silva Palma, tal como se refirió la abogada Olga Morris Barrios en el libro de Jorge Magasich (2019, p.1216-1217):“(…) había en las cercanías una gran cantidad de gente que se preocupaba de saber, se veía desde las casas de la altura que hay en las cercanías, enfrente del fuerte Palma, ellos sabían los movimientos que se producían adentro, y a veces lograban obtener informaciones”.

También esa ola de apoyo es puesta de manifiesto por Rosalía Delgado Naranjo al recordar: “Al principio, antes del golpe, había comités de ayuda de los pobladores que se enteraron del caso de los marinos”. Agrega que la ayuda que recibieron los marinos presos fue “víveres directo a la cárcel” (R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

Tomás Alonso Molinet reafirma sobre la reacción de aliento: “(…) y empieza un movimiento en Valparaíso a favor de los marinos que estamos detenidos y que ‘agarró bastante vuelo’ [creció], o sea dentro de la Unidad Popular de acá en Valparaíso, y le solicitan a Allende que intervenga porque nosotros estábamos defendiendo

 

Pierre Degeuter” (Group Germinal, 2014. https://www.marxists.org/espanol/ pottier/1871/junio/inter.htm).

al gobierno y que los golpistas, futuros golpistas, eran los otros” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Refiriéndose a la fecha de esos hechos, la abogada Olga Morris Barrios en entrevista de Jorge Magasich (2019, p.1217) dice: “Eso tiene que haber sido en el mes de agosto. Vienen los grandes acontecimientos y, además, en Valparaíso, las movilizaciones de masas en apoyo para exigir la libertad de los marinos presos”.

Sobre otras muestras de respaldo, Tomás Alonso Molinet comenta:“Mi mamá me dice que ella, junto con un amigo que tenía camioneta, iba al mercado y que muchos de ahí sabían, porque antes también habían ido, entonces a ella le pasaban víveres que nos llevaban al Silva Palma, o sea, ella siempre fue allá y siempre con bastantes víveres y era que la gente del mercado sabía que nosotros estábamos a favor del gobierno de Allende” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

La organización de familiares creada para defender a los marinos detenidos recibió ayuda, Luis Ayala Herrera asegura: “Antes del golpe, el apoyo que recibió la organización fue sobre todo de los sindicatos, de la base de algunos partidos, de gente de los barrios de la ciudad ¡fue un apoyo completamente popular!” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Reafirmando ese recuerdo, Jorge Magasich (2008b, p.217) narra: “Durante las postrimerías de la democracia, se efectúan manifestaciones de solidaridad con los marinos en Valparaíso, Concepción y Santiago. Además, grupos de manifestantes llegan hasta las inmediaciones del cuartel Silva Palma, donde están detenidos, a gritar por su liberación”.

Con respecto a las manifestaciones solidarias, Rose Marie Cordero Cedraschi cuenta que: “Las organizaciones que apoyaban nos hacían sentir seguras y nos ayudaban a denunciar y crear atención sobre el caso de los marinos” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

 

Si la agrupación de familiares recibió apoyo de otras organizaciones contesta Roberto Fuentes Fuentes: “Yo recuerdo que antes del golpe, cuando me trasladan a la cárcel de Valparaíso, vienen organizaciones a visitarnos, a darnos apoyo y muchas veces el apoyo era también concreto: llegaban con medio saco de papas, veinte kilos de azúcar. Venían agrupaciones vecinales también, los pescadores mandaban una cantidad de gente con alimentos no perecibles que es lo que necesitábamos nosotros. Hubo harto apoyo en esos días… de todos los que reaccionaron frente a la situación. Ahora, los nombres de las organizaciones, yo no me acuerdo” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

En referencia a las actividades que se hicieron para denunciar lo que estaba pasando con los marinos, Patricio Cordero Cedraschi responde: “Hubo mítines y actos de solidaridad, pero creo que más bien fueron organizados por partidos políticos, sindicatos y organizaciones estudiantiles y nuestros familiares asistieron a ellos”, agregando que: “sentíamos que la solidaridad con nosotros iba en aumento, tanto por parte de los estudiantes y de los sindicatos que nos hacían llegar alimentos” (P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

LLEGA SEPTIEMBRE.

Tomás Alonso Molinet recuerda: “El primero de septiembre del año ‘73 a un grupo de los marinos que estábamos en el Silva Palma, los dan de baja de la Marina y los mandan a la cárcel pública de Valparaíso, en ese grupo está Claudio Espinoza, también Jaime Espinoza Salgado36 que escribió el libro ‘El deseo de vivir’, encontrándose que en la cárcel ya habían presos políticos. Estaba el ‘Viejo Leni’ [Don Hugo Leni]37, muy simpático, yo podría decir

36 Jaime Espinoza Salgado, Marino Anti golpista (MAG) detenido el 3 de julio de 1973.

37 Hugo Leni Urbina, militante socialista. Al año 1973 era el Administrador del Gasómetro de Barón ubicado en la Avenida Argentina. Según testimonios la fecha que fue uno de los primeros presos políticos junto con otros más. Entonces los recibieron en la cárcel y después los pasaron al teatro que había ahí porque consideraban que, como tenían instrucción militar, eran muy peligrosos” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

A principios de septiembre en la cárcel de Valparaíso podían recibir visitas, como dice Roberto Fuentes Fuentes: “Las madres, las esposas nos iban a ver y además llegó mucha gente, gente que yo no conocía y que iban a solidarizar conmigo, muchas veces tuvimos que dividirnos: un marino preso para atender a diez personas porque eran muchos los que iban ¡y sentimos que teníamos apoyo! y confiamos nosotros de que íbamos a tener un resultado positivo de eso, que nuestra denuncia iba a servir” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

En su relato Oscar Carvajal Gallardo también se refiere al apoyo recibido en los inicios de septiembre de 1973: “Yo fui trasladado a la cárcel pública, junto con otros compañeros, los primeros días de septiembre. Desde entonces y hasta el 10 de septiembre tuvimos visitas casi a diario y muestras de solidaridad por parte de los familiares, organizaciones sociales. En mi caso recibí visita de algunos médicos y también algunos políticos: Guastavino38, Cantero39, Barrientos40”.

de detención fue el 19 de julio o en agosto de 1973 “en un allanamiento a ENADI [ex Compañía de Gas de Valparaíso], al frente de la Universidad Católica, hecho por la infantería de marina. La razón del allanamiento es la Ley de control de armas [en Estado de Emergencia (la Jefatura de Plaza estaba en manos de la Armada)]. Al parecer encontraron un montón de ‘cachureos’ y se iban a llevar a un montón de trabajadores. Y el Viejo Leni dijo “Aquí al único que se pueden llevar preso es a mí que soy el… gerente [de este lugar]. Yo soy el único responsable aquí”” Información entregada por Margarita González Rivera, Hernán Pacheco Quiroz y Leopoldo Luna Soto.

38 Luis Guastavino Córdova. En representación del Partido Comunista, diputado por la provincia de Valparaíso al año 1973.

39 Manuel Cantero Prado. En representación del Partido Comunista, diputado por la provincia de Valparaíso, Isla de Pascua y Quillota al año 1973.

40 Armando Barrientos Miranda. En representación del Partido Socialista, diputado por la provincia de Valparaíso, Isla de Pascua y Quillota al año 1973.

Quienes también se hicieron presente con su solidaridad fueron las “organizaciones estudiantiles, entre otras la FECH [Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile]”, como lo expresa Oscar, agregando sobre el tipo de ayuda “por lo menos nosotros (los primeros que llegamos a la cárcel) recibimos ayuda material: camas, ropa de cama, alimentos, etc.” (O. Carvajal Gallardo, entrevista 15 de mayo de 2017).

CARTA A SALVADOR ALLENDE.

A pesar que la solidaridad con los marinos anti golpistas iba en aumento, estos seguían detenidos y continuaban siendo violados sus derechos humanos. Eso lleva a los marinos que estaban en el cuartel Silva Palma, a redactar una carta dirigida al presidente Allende y al pueblo de Chile.

Sobre dicho mensaje expone Magasich (2008b, p.198-199): “Cuando los marinos detenidos quedan en libre plática (…) resuelven emprender una última acción destinada a ‘evitar una gran masacre contra el pueblo’ que saben próxima. Redactan una carta dirigida al Presidente, su jefe máximo y consiguen enviarla clandestinamente al exterior. En ella insisten en que acudieron a los dirigentes para denunciar el golpe que se prepara; denuncian las torturas, nombrando a los torturadores que los forzaban a inculpar a los dirigentes, y desmienten las acusaciones de bombardeos. La misiva termina reivindicando los objetivos del movimiento: defender al Gobierno, la Constitución, la legalidad, el pueblo, y oponerse a los que van a atropellar la ley y terminar con la vida de miles de seres humanos”.

Mariano Ramírez Ramírez recuerda el origen de esa carta: “Antes del golpe, estando en el Silva Palma, a alguien por ahí se le ocurrió hacer la famosa carta que le íbamos a enviar al Presidente de la República (…) se hizo esa carta, se escribió y todos los que estábamos en ese momento en el cuartel, la firmamos, porque en ese momento también había mucha gente detenida en la Quiriquina, en Talcahuano y en Concepción, entonces ellos no pudieron firmar, entonces la firmamos solamente los que estábamos en el cuartel Silva Palma y ese es el número total de la lista de los marinos que estaban allí en ese momento, no había otros” (M. Ramírez Ramírez, entrevista 6 de febrero de 2017).

Mariano en su libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas…’ (2010, p.80) relata:“En ella denunciábamos claramente lo que nos ocurría”. Apuntando a aquello Juan Cárdenas Villablanca en entrevista de Magasich (2019, p.325) cuenta sobre esa ocasión: “(…) al parecer, los abogados lograron que nosotros estuviéramos en libre plática. O sea, que nos dejaran movernos dentro del Silva Palma. Ahí yo pude redactar la carta (…)”.

Tomás Alonso Molinet también evoca las circunstancias en que fue redactada la misiva:“Nosotros en agosto le escribimos una carta a Allende cuando estábamos en el Silva Palma. Esta carta está en internet. Una carta que se hizo…que uno la lee y claro, está escrita: la redacción mala, todo eso, porque hay que ver que se hizo en forma clandestina sin siquiera corregirla, que se escribió así muy rápido, entre dos compañeros la hicieron y que después nos iban llamando para firmar la carta” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Esta carta había que sacarla en forma urgente del cuartel Silva Palma. El sargento Juan Cárdenas Villablanca dice: “(…) y ahí, con los abogados, entró mi compañera. Yo ahí le entregué el documento” (Magasich, 2019, p.325). Es así como Regina Muñoz Vera es la persona que saca la carta desde el cuartel y la hace llegar al senador Carlos Altamirano, que era el Secretario General del Partido Socialista en esa fecha.

Ese mensaje de los marinos es dado a conocer el 5 de septiembre en Valparaíso en el acto del Teatro Avenida en que el cabo segundo Juan López Chamorro leerá extractos, y luego en Santiago, el domingo 9 de septiembre en el Estadio Chile, en que Carlos Altamirano la leerá íntegramente (Magasich, 2008b, p.200).

Mariano Ramírez Ramírez expresa: “Y ahí le echaron la culpa a los marinos, que nosotros éramos los responsables del golpe” (M. Ramírez Ramírez, entrevista 6 de febrero de 2017).

LOS SENTIMIENTOS DE LAS FAMILIARES SURGIDOS A PARTIR DE LA EXPERIENCIA.

En el período que hay entre la detención de los marinos anti golpistas hasta el día 11 de septiembre de 1973, sus familiares se vieron enfrentadas a una serie de situaciones nuevas, duras e impactantes, lo que incidió fuertemente en los sentimientos de esas mujeres.

Apuntando a esos sentimientos vivenciados en esa etapa, Mercedes Monsalves Verdugo cuenta: “Yo tenía diecinueve años, era de Talcahuano, provengo de una familia de marinos. Era en ese entonces la novia de Pedro Blaset, la que lo dejó de ver abruptamente por los acontecimientos. Me entero de su detención a través de su familia que quería saber qué pasaba” (Mercedes Monsalves Verdugo, entrevista 21 de junio de 2017).

También referente a lo vivido en esos meses, María Mercedes Muñoz Pérez describe:“Esa etapa fue muy dura, más aún cuando te encuentras que no tienes apoyo. Yo seguí viviendo en Talcahuano un año y medio después de la detención de ‘Gordito’. Después de estar en la casa de los vecinos, me fui a la casa de unos tíos de ‘Gordito’ [forma cariñosa de tratar a su esposo], fueron los que me ayudaron un poco, ellos a través de otra familiar me consiguieron trabajo en una fábrica de pescado, en la pesquera Iquique en Talcahuano. A la niña se la trajeron mis padres para Quilpué, para yo poder ir a ver a ‘Gordito’ y porque tampoco tenía los medios para darle alimentación a la niña, si me fue súper duro cuando estábamos recién, eran los primeros días y la niña me dice: “Un vevito, un vevito” y era un huevito, ella quería un huevito ¡y yo no tenía!, ¡no tenía nada! ¿De dónde? si me iba a pie desde Talcahuano a Concepción a verlo a él. Le dije un día: “Tienes que perdonarme, pero yo no tengo de dónde sacar para traerte algo” y me preguntó “¿Y cómo lo haces para venir para acá?”, “Me vengo a pie”, y ahí fue ponernos a llorar los dos. Me dijo: “No vengas”, le respondí: “Mientras pueda, voy a hacerlo”” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

MARTES 11 DE SEPTIEMBRE Y DÍAS POSTERIORES.

 Y, en ese escenario de tensión, de incertidumbre y de temor, llega el 11 de septiembre de 1973. Carlos Carstens Soto en su libro ‘El golpe llegó a golpearnos. ¿Radio Recreo qué hora es?’ (2016, p.79), expone que “el golpe, para ser exitoso, debía ser rápido y cruento desde el inicio; se mencionaba a Yacarta, es decir, la oficialidad golpista estaba dispuesta a matar a cien mil chilenos para controlar el país”.

Ese día martes ¿Qué sienten, ¿qué piensan las familiares de los marinos detenidos?, ¿cómo experimentan ese día ellas y ellos?

Irene Hidalgo Correa revive esa fecha: “Cuando yo estaba todavía en Lota donde mi papá (para poder ir a ver a Bernardo de nuevo) ahí fue el golpe de Estado, ese mismo día que yo iba a ir a Talcahuano a verlo a él, ahí fue el golpe, entonces mi papá llegó a la casa muy preocupado (él era minero del carbón) y me dijo: “Mira: ándate para Valparaíso porque ya seguramente han matado a Bernardo”, “¿Y de qué papá? si el otro día no más lo vi”, él me dijo: “Hubo un golpe de Estado”, “¿Y qué es lo que es eso?”, yo no sabía, yo tenía veintidós años y tenía otra mentalidad [se refiere a que ignoraba muchos temas]” (I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

Por su parte Luis Ayala Herrera narra: “A mi Vieja el golpe la pilló en casa de su hermana en Viña ya que al otro día temprano tenían algo previsto y como ella era de La Calera no le daba el tiempo de ir a la casa en la noche y volver temprano al otro día, eso nos muestra el cúmulo de cosas que tuvieron que hacer en pos de nuestra libertad antes que los militares tomaran el poder” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Ibis Caballero Molina describe lo vivido el 11 de septiembre: “El día del golpe yo fui a ver a Pedro y había otra niña no más, ella venía de Santiago a ver al hermano, las únicas dos, nadie más había ahí en el cuartel Silva Palma para ver a los marinos. Pedro me dijo: “¡Uy, para qué viniste! Trajeron tantas mujeres para acá ¡hasta viejitas!” y yo le respondí: “Tenía que saber de ti ¡para ver qué había pasado!”

Esto fue el mismo día del golpe”.

En nuestra conversación le comenté a Ibis que fue muy valiente al ir al Silva Palma ese mismo día y le consulté si subió a verlo en la mañana, ante eso ella explica: “A la hora que ellos tenían permiso, parece que teníamos permiso para que los viéramos después de la una, una cosa así; no era a cualquiera hora que una podía ir” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Juana Cerna Rivera se acuerda que hacía más de un mes que su compañero estaba detenido en el cuartel Silva Palma. No sabía qué podía sucederle. Solamente suponía que podían asesinarlo. A veces daba por hecho que lo iban a asesinar, por lo que ese día 11 de septiembre: “Mi reacción fue pensar que mi compañero estaba muerto o que iban a matarlo”(J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

El temor de Juana no era infundado. Igor Goicovic en el prólogo del libro ‘Valparaíso golpeado. Crónicas porteñas del Golpe de Estado’, de Tito y Tokichen Tricot (2013, p.14) plantea que “el golpe de estado se impuso a sangre y fuego. Miles de chilenos fueron asesinados, otros tantos hechos desaparecer, y cientos de miles fueron torturados, encarcelados o enviados al exilio”.

Ante la pregunta de cuál fue su reacción al enterarse que había un golpe de Estado, Rose Marie Cordero Cedraschi enfatiza: “Miedo, dolor, impotencia. Preocupación por mi hermano detenido” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

A Mariano Ramírez Ramírez inquiero si ellos, estando detenidos, notaron algo especial, algo raro esa madrugada, a lo que él responde: “Ese día cambia todo. Nos encerraron a todos, dos días”.

En su libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas…’ Mariano Ramírez (2010, p.84) relata aquel día: “Desde muy temprano del 11 de septiembre se fue desarrollando la macabra iniciativa de la Armada, Ejército, Aviación, Carabineros e investigaciones. La oficialidad había logrado su objetivo, el poder estaba en sus manos y después como es sabido, por largos diecisiete años. (…)

Para nosotros todo cambió a partir del fatídico día del Golpe Militar. (…) En la formación de la mañana, se nos informó que las Fuerzas Armadas eran el nuevo Gobierno de Chile. Desde ese momento éramos prisioneros de guerra y por lo tanto el trato sería muy diferente, estábamos en presencia de lo que habíamos intentado evitar, el Golpe Militar”.

¿Qué pensó esa mañana del 11 de septiembre Erika Jeldres al saber que había golpe de Estado?: “Yo pensé: “Aquí los van a fusilar a todos”. Ahí fue la desesperación de toda la familia, de todos los amigos de acá de Santiago, todos tratando de ver “¿Cómo lo hacemos, a dónde vamos?” porque hubo un momento ¡que se desaparecieron todos los muchachos! se los llevaron a campos de concentración, se desaparecieron y todos nosotros preguntando, allá empezamos a juntarnos con todos los familiares”.

Indago más sobre los primeros días después del 11 de septiembre, a lo cual Erika explica: “Mi hermana Margarita en los primeros tiempos, ella hizo todos los viajes porque iba con el papá. Después del golpe hubo mucho tiempo que los muchachos estuvieron perdidos, que no se encontraban. Ya después cuando los encontramos, ya estaban en la cárcel de Valparaíso” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

Después del martes 11, Irene Hidalgo Correa se volvió con sus hijos pequeños desde Talcahuano a Valparaíso. Ella repasa lo sucedido con los marinos detenidos: “Ligerito los trajeron a Valparaíso, llegaron en avión a El Belloto. Bernardo me contó que con metralleta encima y ellos no… [Silencio] ¿Cómo iban a hacer algo? si estaban… [Silencio] No tan solo a ellos los llevaron para allá, también llegaron personas de edad, personas ya viejitas que estaban presas, igual les decían: “¡Córrete pa´ llá viejo…!” ¡Ni un respeto de nada! De ahí Bernardo fue a dar al cuartel Silva Palma y ahí estuvieron, no recuerdo el tiempo, pero poco tiempo; yo con los niños subíamos a verlo. Cuando empecé a ir al cuartel Silva Palma, ahí todas éramos jóvenes, la mayor era la esposa de un sargento que ya era un poquito mayor como de cuarenta años, todas las demás éramos jóvenes como de veinte años, yo tenía veintidós años y todas teníamos niños chiquititos. Ahí empecé a conocer a las otras señoras” (I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

Juana Cerna Rivera, cuenta que: “Después del golpe de Estado no sabíamos nada de los marinos detenidos. No había información alguna. Eso era prácticamente, la negación a informarnos cualquier cosa a los familiares de los marinos detenidos” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

En relación a lo anterior puedo decir que en esos primeros días yo sí tuve conocimiento de uno de los marinos detenidos, específicamente de Ernesto Zúñiga Vergara. A Ernesto lo vi solo unos momentos y eso fue la noche del miércoles 12 de septiembre del año 1973. La Armada lo había estado torturando desde el 6 de agosto hasta que él reconoció haber asistido a una reunión con dirigentes de izquierda.

Tengo entendido que esa reunión fue a fines de julio de ese año y el objetivo que tenían los marinos anti golpistas, era solicitar a los dirigentes políticos que advirtieran y convencieran al presidente Allende respecto a lo que estaba sucediendo desde hacía tiempo al interior de la oficialidad de la Armada; concretamente la reunión era para que el presidente supiera y tomara medidas puesto que los altos oficiales de derecha estaban preparando un golpe de Estado.

Ese 12 de septiembre del ‘73 cerca de las dos de la tarde me había llegado un mensaje: dos compañeros dirigentes regionales del MAPU [Movimiento de Acción Popular Unitaria] me pedían alojamiento hasta el día siguiente. Ellos llegaron antes de las siete de la tarde al departamento donde vivíamos mi mamá y yo. A las nueve de la noche estábamos cenando, los cuatro sentados a la mesa del comedor. Afuera, en Lord Cochrane, por el sector donde yo vivía, un contingente de marinos y detectives, al mando de un oficial de la Armada, andaban trayendo a Ernesto, detenido, para que ubicara el lugar donde había sido aquella reunión.

Muchos años después supe que Ernesto primero anduvo conduciendo a sus represores a varios edificios muy parecidos a donde yo vivía, hasta que llegaron a nuestro departamento. Tocaron a la puerta. Abrí y me encontré con muchos hombres armados que me apuntaron con sus metralletas y un detective me dijo: “Esto es un allanamiento”. Abrí totalmente la puerta y entraron. A mi mamá y a mí nos apuntaron con las metralletas e inmediatamente escuché un sonido que me produjo mucho miedo. Con el tiempo alguien me dijo que ese ruido había sido porque ‘habían pasado la bala’ para dejar la metralleta lista para disparar.

Vi que tenían sus caras pintadas. En ese instante entraron empujando a Ernesto. Recuerdo que tenía puesto un overol, me pareció que era de color azul oscuro. Pude mirarlo: tenía su cara, cuello y sus pies con sangre. Nos miramos: aún conservo en mi mente algo así como una tristeza que nos unió. Tuve la sensación que sus ojos eran de color claro, los vi con sangre. Su mirada era como si me estuviera pidiendo perdón por haber reconocido el departamento.

A mi mamá y a mí nos tenían de espalda contra la pared. A Ernesto lo tenían frente nuestro. El oficial a cargo le gritaba preguntándole si este sí era el departamento donde había sido la reunión. Al principio él calló y el oficial le pegó. Ernesto respondió que sí. “¿Te acuerdas de esos adornos de la pared?”, “Sí” dijo Ernesto. “¿Te acuerdas de esos sillones?”, “Sí” contestó él. Y se lo llevaron fuera del departamento.

Mientras tanto, muchos marinos armados se habían repartido por el departamento: unos estaban en la cocina, algunos en los dormitorios, otros en el living, otros en el baño. Ahí me di cuenta que en los minutos anteriores yo había perdido de vista a los dos compañeros dirigentes del MAPU.

Hubo un momento en que a mi mamá la dejaron parada contra la pared del comedor, mientras a mí me llevaron al fondo del departamento. Allí pude ver que en uno de los dormitorios estaban interrogando con gritos y golpes a Hernán, uno de los dos compañeros que nos había pedido refugio por esa noche, a Leopoldo le estaban haciendo lo mismo en el baño.

El allanamiento empezó a las nueve de la noche. El oficial y los marinos golpistas se fueron cerca de las doce de la noche, dejando todo revuelto y en el suelo.

A Leopoldo Luna Soto y Hernán Pacheco Quiroz41, los dos compañeros que estaban en nuestra casa esa noche, se los llevaron detenidos. Ellos forman parte de uno de los procesos contra los marinos constitucionalistas, la Causa 3926. Mi mamá y yo también estamos en ese proceso42.

Este hecho del miércoles 12 de septiembre de 1973 es relatado por Jorge Escalante Hidalgo (2021, p.56) en el libro ‘El Muro y la Montaña. Historias de prisión, destierro y amor. El regreso a Chile en dictadura. Mis años de periodista’, quien refiriéndose a Hernán, allí dice: “A la mañana siguiente de nuestro encuentro en la casa de Santelices, él se refugió en casa de Alejandra, una compañera del partido que vivía no lejos de ahí. En ese lugar fue detenido y le encontraron la Walther [pistola fabricada por el alemán Carl Walther]. Fue un error. En esa casa se había realizado una reunión entre la cúpula de la red clandestina de la marinería que se oponía al golpe que se sabía venía, y Oscar Guillermo Garretón, secretario general del MAPU hasta el día del golpe. Y Ancla-2 [Servicio de Inteligencia de la Armada] lo sabía. La información la obtuvieron producto de las torturas a algunos de los marinos que integraban esa red clandestina” (Escalante, 2021, p.56).

En el primer semestre del año 1975 fui a la visita en la cárcel de Valparaíso. Ahí me reencontré con los compañeros Leopoldo y Hernán, pero como en esa fecha yo no tenía la información que los marinos anti golpistas también estaban presos en esa cárcel, no supe que allí estaba Ernesto, por tanto no lo vi. Después con los años pregunté por él y me contaron que al salir de prisión en abril de 1978 se había quedado en Chile, se había integrado a la resistencia y que había muerto ejecutado el 16 de enero de 1986.

41 Ambos dirigentes del Regional del MAPU Valparaíso al 11 de septiembre de 1973.

42 Parte de lo expuesto aquí, aparece en el libro Los que dijeron “No”. Historia del movimiento de los marinos antigolpistas de 1973. Volumen II, de Jorge Magasich Airola. LOM Ediciones, 2008.

Continúo con lo expresado por Juana Cerna Rivera:“En los días que siguieron al golpe de Estado los Marinos Anti golpistas fueron trasladados desde el cuartel Silva Palma a la cárcel de Valparaíso. Mi esposo pasó por un largo período de aislamiento dentro del penal y sin contacto con la familia. Después los familiares de los marinos acudimos a visitas permitidas por el régimen carcelario. Los marinos en la cárcel ya no estaban incomunicados bajo el control de la Armada. Por ese motivo, la incertidumbre desapareció y se transformó en la certeza de que estaban vivos y encerrados en un lugar concreto. Las visitas nuestras a los marinos permitían llevarles algunos alimentos de subsistencia” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

Rose Marie Cordero Cedraschi expone lo que sucedió con su hermano en los días siguientes al golpe: “Seguía su detención en la cárcel de Concepción y, pocos meses después, fue trasladado a la cárcel de Valparaíso. El traslado fue una experiencia chocante ya que la familia lo vio encadenado como delincuente” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Ibis Caballero Molina manifiesta que después del 11 de septiembre ya no pudo volver a ver a Pedro en el cuartel Silva Palma, “después se los llevaron… anduvieron por muchas partes” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Esto también es relatado por Irene Hidalgo Correa: “Después pasaron a la cárcel de Valparaíso, ahí estuvieron como seis meses no más. Ahí yo lo iba a ver. Estando en la cárcel a todos los marinos se los llevaron a Colliguay, donde estuvieron seis meses y llegaron

¡hirviendo de piojos!, sucios porque les daban un litro de agua para el día. Después Bernardo me dibujó toda esa parte: encercado; dice que en la noche hacía mucho frío y en el día hacía calor” (I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

Ibis e Irene se refieren a que sus familiares fueron trasladados a la cárcel pública de Valparaíso y estando allí, al poco tiempo fueron llevados al campo de concentración de Colliguay y después al campo de prisioneros de Puchuncaví. En ambos lugares las familiares no pudieron visitarlos, Ibis cuenta que: “Sólo se comunicaban por intermedio de la Cruz Roja. Nosotras les mandábamos una tarjetita y por el reverso ellos nos contestaban. Yo tengo una acá, de recuerdo, una tarjetita, que me la escondí

¡no sé cómo me la pude esconder! porque tenía que devolverla” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Posteriormente al 11 de septiembre las familiares consiguieron seguir trabajando unidas, Ibis aclara: “Seguimos, pero ya fue con más cuidado, era más difícil, muchas tenían miedo, no querían ir así es que nos juntábamos a veces de a dos, así para ir a la Fiscalía, para ver si podíamos buscar la libertad porque nosotras decíamos: “Si ellos no hicieron nada, ¿por qué los tienen presos?” Yo siempre iba a todas partes a hablar por Pedro. Ya después íbamos solas, después tenían miedo las demás” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

A propósito de un actuar en conjunto por parte de las familias para planear cómo defender a los marinos o ver qué hacer después de sucedido el golpe de Estado, Erika Jeldres da cuenta: “Los muchachos ya estaban en la cárcel; empezamos a ir de un lado a otro. Nos hacían reuniones a los familiares que estábamos acá en Santiago y en Valparaíso mi hermana iba a algunas reuniones” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

EL TRATO RECIBIDO POR LAS FAMILIARES DESPUÉS DEL 11 DE SEPTIEMBRE.

 Después del golpe de Estado civil militar, las mujeres familiares reciben un trato atentatorio a su dignidad. Como ejemplo de esta situación, expongo los siguientes testimonios: “Cuando los marinos estuvieron presos en Colliguay43, nosotras las esposas

43 Campo de prisioneros denominado indistintamente “Isla Riesco”, “Melinka” u “Operación X” (Diario Constitucional.cl, 2018. https://www.diarioconstitucional. cl/2018/12/21/ministro-jaime-arancibia-pinto-se-constituye-en-ex-campo-de- prisioneros-de-colliguay-en-causa-por-detencion-ilegal-secuestro-y-aplicacion-   de-tormentos/).

teníamos contacto con ellos por la Cruz Roja que quedaba en la calle Uruguay [al local acudían familiares de los y las presas políticas de la región de Valparaíso]. Ese fue un sufrimiento para todas las mujeres que no éramos amigas, pero ya sabíamos lo que estábamos pasando todas juntas.

“Y me acuerdo que la escala era tan angostita que nos sentábamos ocupando la mitad así con los niños y estos tipos los milicos llegaban de Colliguay a buscar las cosas que las señoras les mandábamos: jugo, pan, café ¡y ellos allá jamás recibieron nada! y cuando pasaban los milicos por el lado de uno en la escala: las botas grandes, había que proteger a los niños porque o si no les pisaban hasta las manos ¡y no les importaba! así con la metralleta, una tenía que hacerse así para acá, y pasaban así ¡eran unas bestias! no eran personas porque digo yo: “¿Cómo? si somos seres humanos

¡respeten!” por los niños. Yo a los niños les escondía las manitos para acá porque los medios zapatos que usan los milicos y pasaban así ¡prepotentes! hasta que llegábamos de a una al segundo piso y ahí habían señoras de la Cruz Roja y ahí estos milicos llegaban con unos papelitos, unas tarjetitas y después uno le mandaba otra tarjeta y los militares estaban encima viendo lo que uno le escribía. Yo nunca guardé esas tarjetas, de repente me arrepiento. Entonces ahí Bernardo me decía que nos echaba de menos, que los hijos… Estuvimos seis meses yendo ahí a la Cruz Roja y llegaron a la cárcel nuevamente” (I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

A propósito del trato hacia las familiares en los días de visita a la cárcel, ellas también eran maltratadas: “Los gendarmes se ‘mandaban las partes’ [eran abusivos], nos empujaban” tiene presente Rosalía (R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

Patricio Cordero Cedraschi dando cuenta de lo sucedido con las familiares en las visitas a la cárcel, dice: “No se permitía entrar a las mujeres al recinto con pantalones”(P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

La orden que imponía a las mujeres usar vestidos o faldas y dejar los pantalones comenzó desde el mismo día 11 de septiembre. En forma paralela, los hombres no podían usar el pelo largo. Hubo casos, sobre todo los primeros días, en que en las calles en presencia de otras personas, a las mujeres les cortaron los pantalones a la altura de las rodillas y a los hombres les cortaron el pelo.

Patrice McSherry en‘La dictadura y la música popular en Chile: los primeros años de plomo’, plantea que “La dictadura quiso cambiar la mentalidad de la gente mediante el terror. Los hombres con barba fueron obligados a rasurarse y a las mujeres se les obligó a vestir faldas en lugar de pantalones” (McSherry, J. P., 2019, p.152).

Esas prácticas de represión respondían a dejar en claro que el poder lo tenían los que habían dado el golpe y que éstos, además, eran machistas. Sin embargo, irónicamente, a los pocos días después del 11 de septiembre en entrevista para el semanario Qué pasa, Pinochet declaraba: “Deseo reiterarles que no somos unos ambiciosos del poder, sino un gobierno dedicado por entero a servir a la Patria. Tampoco somos inhumanos o crueles, pertenecemos a una sociedad formada en los principios cristianos occidentales”, como lo señala Juan Guzmán Tapia en su libro ‘En el borde del mundo. Memorias del juez que procesó a Pinochet’ (2005, p.87-88).

Ante la prohibición a las mujeres de entrar a la cárcel con pantalones, Patricio Cordero Cedraschi sigue contando: “Nació un negocio a las afueras y se comenzó con el alquiler de faldas” (P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Es así que el día de la visita las familiares antes de hacer la fila afuera de la cárcel, cruzaban a una casa del frente donde se había establecido esa actividad informal: el arriendo de faldas. Sin embargo, el arriendo no incluía usar un espacio dentro de la casa para poder cambiarse la ropa. Sobre aquello Luis Rojo Gaete44 relata: “Antes de entrar a la visita de la cárcel, unas a otras se tapaban para cambiarse los pantalones por vestidos” (L. Rojo Gaete, entrevista 15 de diciembre de 2018).

44 Luis Rojo Gaete. Marino Anti golpista (MAG) detenido el 14 de agosto de 1973.

Al término de la visita, las mujeres cruzaban a la casa a devolver las faldas.

Después de haber estado haciendo fila por mucho tiempo, las familiares entraban al recinto penal donde tenían que entregar su carnet de identidad y pasar a la revisión tanto personal como de las cosas que le llevaban a sus hijos, esposos, novios o hermanos que allí estaban presos. La revisión consistía en que una mujer gendarme pasaba sus manos palpándoles todo el cuerpo, levantando la ropa, ordenando a las familiares que se sacaran los zapatos.

“Hubo muchas mujeres que nos dieron su incondicional apoyo, mujeres que hacían fila para visitarnos cada semana, dispuestas a ser manoseadas y registradas por gendarmes de la cárcel, a pleno sol esperando horas el momento de encontrarse con sus familiares” enfatiza Luis Rojo Gaete.

Estando ya dentro de la cárcel, para revisar lo que las familiares llevaban, éstas debían desenvolver los paquetes para mostrar el contenido y muchas veces, por ejemplo, en los queques, con impotencia veían que los gendarmes enterraban utensilios como cuchillos o lápices de pasta, para según ellos, cerciorarse que adentro no iba algo prohibido. Hechos como esos son destacados por Nancy Guzmán Jasmen en su libro ‘El Fanta. Historia de una traición’ “(…) a los familiares se los rebajaba, manoseaba, y robaba con la excusa de ver si portaban documentos” (Guzmán, 2016, p.248).

Los años han pasado y el recuerdo de ir a la cárcel sigue muy presente en la memoria, como dice Juana Cerna Rivera:“Cada visita estaba presidida por la vejación de ser registrada por todos lados y sin ningún respeto” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

También esto es puesto de manifiesto por Erika Jeldres al recordar: “La visita a la cárcel, en ese tiempo era horrible, cuando íbamos era horroroso ¡ah, eso era terrible para entrar porque la revisaban hasta la vagina a uno!” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

Para las familiares de los marinos presos la experiencia de ir a ver a sus seres queridos fue trastocada por lo que implicó para ellas la ida a la cárcel, es así como Patricia Tapia expresa: “Nosotras las mujeres fuimos torturadas sicológicamente”(P. Tapia, entrevista 29 de marzo de 2017).

Bernardo Carvajal Sepúlveda opina sobre las familiares: “Ellas fueron las que se enfrentaron al peor maltrato que se conoce en la historia de Chile: las humillaban, las manoseaban, las trataban muy mal, pero ellas seguían ‘al pie del cañón’ [dispuestas] peleándola por nosotros” (B. Carvajal Sepúlveda, entrevista 19 de diciembre de 2018).

Hubo tratos muy duros hacia las familias como es el caso de Teresa. Al respecto en su libro ‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas…’ Mariano Ramírez (2010, p.96) relata: “Varias familias de los integrantes de nuestro proceso sufrieron este tipo de represión y amedrentamientos. Otro de ellos fue muy dramático, porque utilizaron helicópteros para detener una compañera que asustada decidió huir por los cerros de Valparaíso con cuatro pequeños hijos, afortunadamente logró escapar. Nos referimos a la Sra. Teresa, esposa del ex Cabo Primero Carlos Alvarado González (…)”45.

CONTACTOS Y APOYOS.

Otro aspecto del cual recojo información es sobre lo que ocurrió con los contactos que las familiares de los marinos anti golpistas habían logrado antes del golpe de Estado. La pregunta formulada es si una vez ocurrido el golpe ¿las esposas, las madres, las hermanas recibieron algún tipo de apoyo para, a su vez, ayudar a los detenidos? Tomás Alonso Molinet es categórico al responder: “En ese momento se desbarató todo”(T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

45 Carlos Alvarado González. Marino Anti golpista (MAG) detenido el 28 de julio de 1973.

Pasado un tiempo46, cuando los marinos son trasladados desde la cárcel de Valparaíso hacia el campo de prisioneros ubicado de la zona rural de Colliguay, en la comuna de Quilpué, se cancelan las visitas que sus familiares les hacían en el recinto penal (Ramírez, 2010, p 88).

Sobre este período, Isabel Arévalo Pimiento considera que: “Tuvimos contactos importantes con organismos, por ejemplo, la Cruz Roja Internacional [alude a la Cruz Roja de Valparaíso que funcionaba en calle Uruguay], donde le podíamos mandar algún alimento a nuestros marinos y también escribir una tarjeta abierta una vez a la semana cuando ellos fueron trasladados desde la cárcel a Isla Riesco47, no teníamos idea donde quedaba este lugar. Durante un tiempo fue la única comunicación que tuvimos con nuestros familiares” (I. Arévalos Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

A comienzos de octubre de 1973 en Santiago se creó el Comité de Cooperación por la Paz en Chile (COPACHI) “llamado también Comité Pro Paz, [que] se encargó de recibir a los chilenos (…) Fue presidido por el Obispo Fernando Ariztía de la Iglesia Católica, por el Obispo Helmut Frenz de la Iglesia Evangélica Luterana y por el Sacerdote jesuita Fernando Salas como secretario ejecutivo (…) dicho comité procuraría dar asistencia jurídica, económica, técnica y espiritual a todos los chilenos que como consecuencia de los últimos acontecimientos políticos se encontraran en grave necesidad económica o personal (…)” (Garcés [et.al.], 2005, p.24- 25). También se encargaron de dar inicio a este Comité Pro Paz “el Rabino judío, don Angel Kraiman, don José Elías de la Iglesia Ortodoxa, y también con Pastores de algunas Iglesias Evangélicas (…) y nació exactamente el día 4 de octubre de 1973” (Garcés [et. al.], 2005, p.25).

46 A fines de noviembre de 1973, presos políticos son sacados en camiones de la Infantería de Marina desde el recinto penal. Iban hacinados uno encima del otro, maniatados de pies y manos, y vendados.

47 Se refiere al Campo de prisioneros de Colliguay, en Quilpué, también denominado por la Armada como “Isla Riesco”, “Melinka” u “Operación X”.

Con relación a dicho Comité, Tomás Alonso Molinet recuerda: “Después se supo que había un Comité Pro Paz aquí en Valparaíso” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

A Ibis Caballero Molina le consulté si después del golpe, con Eliana Torrecilla Navea, la mamá de Claudio Espinoza, con Rebeca Herrera Urbina, la mamá de Luis Ayala, y con las otras señoras ¿pudieron recurrir en Valparaíso a algún organismo? Ibis contesta que fueron al Comité Pro Paz y que no se acuerda como supieron que podían dirigirse a este organismo: “No me recuerdo bien, pero parece que ellas, las funcionarias del Comité, se acercaron”. Sobre la atención brindada en el Comité Pro Paz, rememora: “Nos atendían las mujeres del Comité. Yo sé que a las personas que andaban bien pobres, a las que tenían hijos, las ayudaban más… por ejemplo yo no tenía hijos, entonces a mí me ayudaban con el pasaje” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Sobre lo mismo Luis Rojo Gaete evoca: “Después del golpe, los trámites los hacían en el Comité Pro Paz, incluso en la Cruz Roja Internacional, en mi caso, mi padre era uno de los que se movía en los trámites” (L. Rojo Gaete, entrevista 15 de diciembre de 2018).

En ese período de inseguridad y desorientación de los meses finales del año 1973 respecto a qué hacer para buscar y defender a los seres queridos ¿De qué manera las familiares supieron de la existencia de organismos de defensa de los perseguidos? Juana Cerna Rivera se acuerda que:

“Desde el Comité Pro Paz se acercaron a los familiares de los marinos detenidos y ayudaron a clarificar la situación de cada marino detenido. El Comité Pro Paz fue en la práctica, el organismo de defensa de los derechos humanos” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

En tanto, Isabel Arévalo Pimiento48 revive el tiempo posterior al

48 Isabel Arévalo Pimiento. En 1973, esposa de Guillermo Vergara Díaz detenido el 26 de septiembre de 1973 cuando se desempeñaba como funcionario en la Escuela de Ingeniería Naval.

11 de septiembre: “Nuestra labor consistía en esperar afuera del recinto carcelario para poder hablar con la comitiva formada por: la Cruz Roja Internacional, los Derechos Humanos; eran a estas personas que esperábamos afuera cuando a ellos se les permitía visitar el recinto penal, después de presionar con antecedentes que se entregaban a estos organismos.

“Nosotras esperábamos a la comitiva para expresarles nuestras quejas y la de nuestros familiares recluidos, pero esto no era permitido y lo único que pudimos hacer fue ponerles en las manos algunos panfletos escritos por nosotras con la información sobre las condiciones en que los presos se encontraban, claro que

¡eran horas de espera fuera del recinto penal! Como esposa en ese entonces participé con algunas madres y esposas de presos políticos en todas las actividades y visitas que fueron a la cárcel de Valparaíso. Esto fue después de algún tiempo, se podría decir al año o más de estar presos” (I. Arévalo Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

En relación a los organismos defensores de los derechos humanos Flor Calisto Alarcón en su relato sobre los lugares a donde recurrió con las otras señoras y la atención que se les daba, expresa: “Mira, te juro que no sé si eran asistentes sociales, eran mujeres; ellas nos hacían una ficha: cuántos eran en la familia, cuánto tiempo estaban detenidos, esas cosas… pero lo raro de todo esto es que después a ti se te hace como una película, como que tú te olvidas” (F. Calisto Alarcón, entrevista 6 de febrero de 2017).

Sobre el tipo de ayuda que recibían los marinos presos y sus familias, Tomás Alonso Molinet dice: “Llegaron cosas, por ejemplo del exterior llegaban al Comité Pro Paz, entonces llegaron unas ‘salidas de cancha’ [buzos deportivos] creo que venían de la Unión Soviética, lo cual se repartió ahí en Pro Paz a los que tenían problemas de situación económica; muchas veces en ese tiempo no habían Jardines Infantiles, había muy pocos, entonces estaban las mujeres en la casa con los niños pequeños, todos éramos jóvenes, matrimonios jóvenes, entonces las mujeres no tenían de dónde sacar lo que es un centavo, era una situación bastante difícil y tenían que estar ahí ‘a costilla de’ los familiares [dependiendo de los familiares]. A algunos marinos ¡los familiares les dieron vuelta la espalda!; entonces ahí se repartía víveres, que yo sé, y se repartían esas vestimentas, entonces había varios que andaban con esas salidas de cancha. Situaciones bastante difíciles vivieron muchos familiares, ¡muchos, muchos familiares, situaciones muy, muy difíciles! porque no había nada, entonces Pro Paz les repartía, me parece, alimentos no perecibles” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Después que el Comité Pro Paz cerró el 31 de diciembre de 1975, fue creado el FASIC [Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas. La oficina en Valparaíso fue abierta en mayo de 1976], organismo sobre el que recuerda Isabel Arévalo Pimiento:“La oficina que teníamos más a mano fue el FASIC, ubicado en Valparaíso donde la señora Delia Ateaga nos atendía (…) Allí teníamos ayuda psicológica, visitas al médico, pequeñas ayudas para movilizarnos, pasajes para los viajes a Santiago a hacer algunos trámites, por ejemplo” (I. Arévalo Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

Juana Cerna Rivera también tiene en cuenta el apoyo brindado por el FASIC: “La ayuda que recibimos fue asistencia jurídica en un período difícil. Yo personalmente estaba detenida en Santiago, estuve en Tres y Cuatro Álamos, lugares de detención para prisioneras políticas” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

Enlosorganismosqueatendíanalosfamiliaresdelosperseguidos, había un espacio no sólo para hacer los trámites, sino también para reunirse, conversar, intercambiar opiniones, datos y sostenerse emocionalmente, experiencia necesaria que fue tomando cada vez más importancia.

Rose Marie Cordero Cedraschi opina sobre la percepción de las familiares acerca de los organismos que auxiliaron:“Los organismos de derechos humanos dieron un apoyo moral y protección muy importante. Creaban un punto de encuentro para familiares en la misma situación. Hacían lo que se podía. El trabajo de los organismos de derechos humanos significó mucho. No solamente nos otorgaron toda la asistencia judicial, sino que el apoyo fue esencial para seguir adelante” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

La labor del FASIC fue crucial para las familiares, es así como Juana Cerna Rivera rememora: “Posteriormente ayudaron a gestionar los documentos necesarios para la salida de los detenidos fuera del país” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

Isabel Árevalo Pimiento se refiere además: “Al CIME [Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas], organización que de vez en cuando nos comunicaba con algún abogado y, en algunas ocasiones, nos daban alguna pequeña ayuda económica para poder movilizarnos” (I. Arévalo Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

A propósito de la asesoría jurídica con la que contaron antes del golpe de Estado, le pregunto a Ibis Caballero Molina si esos abogados y abogadas siguieron apoyándolas, a lo que responde: “No, ellos después no pudieron” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Esa situación fue así puesto que los profesionales que formaron parte de ese equipo, después del golpe, también fueron objeto de represión, algunos específicamente perseguidos, detenidos y torturados, y otros, teniendo que salir del país (Magasich, 2019, p.1215-1216).

Sobre lo ocurrido, Claudio Espinoza Torrecilla recuerda al abogado Emilio Contardo Hogtert: “Después del golpe, cuando a nosotros nos trasladaron a Colliguay al campo de concentración ¡él estaba allá! ahí lo conocimos. El abogado dijo: “Aquí estoy ¿cómo los voy a defender de aquí?” [Risas] Él estaba muy ‘concentrado’ [risas]” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

Ibis cuenta que el objetivo que tenían las familiares de los marinos anti golpistas: “Era tratar de que a ellos les dieran la libertad. Luchamos lo más que pudimos porque decían que no podíamos colocarles abogados. Yo anduve ¡puf, por cuánto abogado no anduve! Me dijeron que no podían hacer nada si no me daban permiso los jefes de ahí de la Armada, y en la Armada me decían que ellos ‘nada que ver’, que podía poner los abogados que quisiera, que ellos no tenían nada que ver, y los abogados me decían: “No, porque si nosotros los defendemos, también a nosotros nos llevan presos; tenemos que tener permiso”. Esto pasó después del golpe de Estado” (I. Caballero Molina, entrevista 10 de febrero de 2017).

Con relación a lo mismo Roberto Fuentes Fuentes tiene la convicción que después del golpe ellos no tuvieron abogados, exponiendo lo siguiente: “No. Hubo algunos abogados, pero que yo sepa, en Valparaíso no hubo. Casi todo lo que yo me recuerdo es la acción de las familiares, de mi madre, ella me contaba que se iba a juntar con la mamá de Claudio Espinoza, la señora Eliana Torrecilla, y con la esposa de tal compañero: “Vamos a ir mañana y nos vamos a juntar con el señor tanto, que nos prometió que…”, y así, todo” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

En tanto, la experiencia de Rosalía Delgado Naranjo fue otra. Ella relata: “Cuando yo podía, iba donde Lidia Hogtert abogada de Valparaíso. La conocimos por vía de su sobrino el abogado Emilio Contardo Hogtert, él le dio los datos a Teodosio49 para que yo me comunicara con la abogada. Guardo buenos recuerdos de la abogada Lidia Hogtert ya que nunca me presionó por los pagos, solo me dijo “si es que podía, o si no, que no me preocupara”. La abogada era la que tramitaba todo lo del caso de mi esposo delante de la fiscalía. Era una persona muy atenta y humana. En esa época ya tenía sus años, pero aun así iba a la cárcel”(R. Delgado Naranjo, entrevista 30 de mayo de 2017).

En plena dictadura la valentía de la abogada Lidia Hogtert fue sobresaliente. En un artículo publicado en la revista Punto Final

49 Es probable que Emilio Contardo le haya hablado a Teodosio Cifuentes Rebolledo sobre la abogada Lidia Hogtert, cuando ambos, estando presos, se encontraron en el Campo de Concentración de Colliguay.

del año 2008, se lee: “En 1975, cuando la mayoría de los abogados de Izquierda estaban exiliados, la abogada Lidia Hogtert -ya fallecida- hizo una valiente defensa de los marineros presos, con dos argumentos: el proceso debía ser declarado nulo pues las confesiones fueron arrancadas mediante tortura, y además, el deber de todo militar es defender al gobierno legítimamente constituido” (Sepúlveda, 2008).

Asimismo, Jorge Magasich destaca que la abogada hizo una defensa excepcional planteando “la cuestión de fondo. Las ‘confesiones’ -dice- carecen de valor porque fueron arrancadas bajo torturas y estos marinos acusados no hicieron más que cumplir con su deber, ya que ‘el deber de todo militar es defender al gobierno legítimo’. La abogada reivindica la supremacía de la Ley sobre las órdenes de los superiores” (2008b, p.301).

Lidia Hogtert además de ser la abogada de Teodosio Cifuentes, también lo fue de Juan Cárdenas Villablanca. Sin embargo “su defensa –brillante- es prácticamente desconocida, ya que en 1975 pasa inadvertida” (Magasich, 2008b, p.327).

Sin duda Lidia Hogtert fue una mujer de fuego cuya acción durante ese período de la historia de nuestra región, debe ser conocida y valorada.

ACCIÓN CONJUNTA DE

LAS FAMILIARES DE LOS MARINOS DESDE EL GOLPE EN ADELANTE.

 Pasado el tiempo después del golpe, las familiares lograron volver a actuar unidas. Isabel Arévalo Pimiento destaca: “Nosotras las esposas, las madres, nos organizábamos espontáneamente en las visitas a la cárcel y en las largas horas de espera en este recinto cuando era día de visita”. A esa organización “podríamos llamarla Agrupación de Familiares de Marinos Anti Golpistas”.

Isabel continúa recordando: “Después del golpe nos encontramos con la mayoría de los marinos anti golpistas presos en la cárcel de Valparaíso. Nos encontrábamos en las horas de visita, nos informábamos entre nosotras las esposas y las madres y compartíamos mucho. Allí nos organizamos algunas madres y esposas para, de alguna manera, saber en qué situación legalmente estaban, de qué los acusaban, etc.”. Los objetivos que tenían eran poder hacer algo: “Recurrir a alguna instancia como abogados, alguna autoridad, para así poder ayudarlos a recuperar su libertad” (I. Arévalo Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

En lo dicho por Isabel se puede observar la importancia del auxilio conjunto de las mujeres familiares de los marinos presos, situación que es destacada por Magasich (2008b, p.312) “Después del Golpe, cuando las organizaciones de izquierda pueden hacer poco, el apoyo de madres y mujeres permite a los marinos mantener la esperanza de recobrar la libertad y la dignidad”.

Claudio Espinoza Torrecilla rememora el momento en que su mamá comienza a formar parte de esa organización, explicando que: “Cuando nosotros pasamos a la cárcel, ahí se empiezan a organizar las mamás de los marinos. Va la mamá de Roberto Fuentes, la señora María Luisa Fuentes, la mamá de Lucho Ayala, la señora Rebeca Herrera, la mamá de Sergio Fuentes la señora Ismenia Paredes que viajaba desde Concepción para acá; entonces ahí empiezan a reunirse, a juntarse y a pelear por nosotros” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

Sergio Fuentes Paredes50 en entrevista con Jorge Magasich (2019, p.464) destaca la importante acción conjunta que efectuaron las familiares Rebeca Herrera, Eliana Torrecilla, Arabela Alvear, María Muñoz e Isabel Arévalo, ellas “eran las personas que encabezaban todo este tipo de trabajo que se hacía”.

Claudio Espinoza Torrecilla recuerda que su mamá estaba participando junto a otras familiares, Eliana Torrecilla Navea le

50 Sergio Fuentes Paredes. Marino Anti golpista (MAG) detenido el 9 de agosto de 1973.

contaba: “Sí, estoy aquí” me decía: “estoy haciendo esto y esto”. “Ya mami, usted verá ¡pero no se meta muy a fondo, no quiero que venga a llegar aquí al lado mío”, le decía yo [risas], “porque basta con uno preso, no dos”, ¡pero ella…!” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

Isabel Arévalo Pimiento reseña que se organizaban: “Para hacer trámites para agilizar este proceso que estuvo guardado por mucho tiempo y sin tener alguna respuesta. Como es de suponer, nuestros medios económicos eran precarios, no podíamos avanzar mucho en esto”. (I. Arévalos Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017), refiriéndose al accionar en tareas relativas a la defensa y apoyo a sus esposos e hijos, lo que también destaca Magasich (2008b, p.312) diciendo: “Los familiares mantienen los contactos con abogados, aunque un abogado puede hacer muy poco. Tratan también con fiscalías militares, jueces navales o instituciones como el Cime, y buscan ayuda en organismos solidarios, como el FASIC y la Vicaría de la Solidaridad. Un gran logro será evitar que dispersen a los prisioneros en diferentes cárceles de provincias”.

Otra situación de acción conjunta que se da en ese tiempo, la cuenta Erika Jeldres: “Algunos de los muchachos marinos anti golpistas tenían a sus esposas presas en la cárcel de mujeres, así es que yo iba a verlos a ellos y después iba a ver a las muchachas a la cárcel de mujeres en Santiago. Había varias chiquillas, señoras, pero no recuerdo los nombres. Los marinos en la cárcel de Valparaíso hacían cosas de arte y cosas así y yo se las llevaba a las muchachas, a las esposas presas en Santiago. Una vez me tuvieron todo un día casi, revisando lo que yo llevaba de pinturas y todo eso, lo daban vuelta, por un lado, lo daban vuelta por el otro [alude a la revisión minuciosa de los gendarmes a las artesanías hechas por los marinos presos] y a mí no me dejaban salir de ahí porque yo les había llevado esas cosas” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

LOS SENTIMIENTOS SURGIDOS A PARTIR DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973.

 Con relación a los sentimientos que surgieron en las familiares habiéndose concretado el golpe de Estado, Tomás Alonso Molinet menciona lo que sucedió: “Cuando fue el golpe, había de todo (o sea me refiero a la gente civil), había temor, por un lado, y por el otro estaban contentos.

Margarita Navarro, mi esposa, en ese tiempo mi novia, ella ni siquiera en su casa había dicho que yo estaba detenido, porque en su casa había de los dos bandos, entonces uno de sus hermanos estaba súper contento y el otro no estaba nada súper contento y tampoco sabía si ¡capaz que lo fueran ir a buscar a él!, por eso era una situación bastante difícil. Entonces ella, a nadie en su casa le contaba. No sé si le habrá contado a su mamá, no recuerdo. Después supieron todos que yo estaba detenido, pero eso fue un tiempo después. Margarita, como trabajaba en El Mercurio, tenía salvoconducto porque en la noche tenían que irse a sus casas, entonces contrataron camionetas para repartir a la gente que trabajaba en el diario y llevarlas a sus casas. Margarita fue al Silva Palma, porque ella también pensó: “Los mataron a todos”. Ella fue y al llegar al cuartel vio que estaban los guardias arriba, mi novia quería saber qué pasaba con nosotros y les dice mi nombre: “Tomás Alonso, José Jara…” y los nombres que ella se acordaba, entonces antes de responderle el guardia miró para todos lados y le afirmó que: “Esté tranquila, están bien, mientras estén aquí por el momento nada les va a pasar” y agregó que por favor se fuera “no es bueno que esté aquí”. Así ya Margarita se fue más tranquila y también le dijo a mi mamá porque ella también ¡no sabía qué diablos! Y bueno mi novia, después claro, ahí se va enterando de noticias pues su trabajo en el diario consistía en corregir y ordenar las páginas; lógicamente los periodistas no podían publicar todo, ahí ya empezó un control estricto de las noticias; entonces lo conversó después, al tiempo después, porque los compañeros de trabajo le preguntaron por mí, entonces ella decía: “Está bien”. Los únicos que sabían mi situación eran dos: el chico de fotograbado y el que era jefe de ella. Después vino el tiroteo del 14 de septiembre y también mi novia fue a averiguar al Silva Palma y le dijeron: “No, aquí está todo en orden”. Mi mamá también iba al Silva Palma pero le daban la misma información: “estaba todo en orden pero no había visitas”. Después de un tiempo aceptaron las visitas” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

A María Mercedes Muñoz Pérez le consulté acerca de sus sentimientos durante el período en que su esposo estuvo preso: “Es una experiencia que yo no se la quisiera dar a nadie ¡a nadie! es demasiado duro, demasiado duro, más aun teniendo hijos pequeños, donde no puedes explicarles, no les puedes decir nada, no hayas cómo explicar, cómo decirle a la pequeña por lo que tú estás pasando, por lo que estamos pasando ambas, porque después de tener su casita donde ella jugaba con su papá y después ella encontrarse que no estaba su papá, como dije anteriormente que ella esperaba el tren y ella: “¡El papá, el papá!” y el tren no trajo a su papá; para ella fue demasiado… fue una cosa que ¡no había cómo decirle para que entendiera!”.

María Mercedes añade que con las otras familiares de los marinos anti golpistas: “Podríamos haber sido más unidas pero lamentablemente no se podía por los trabajos que desempeñábamos, por los niños, y que no disponíamos realmente de tiempo como para poder haber trabajado más por nosotras y nuestros esposos, eso hubiera sido bonito, para haber tenido una experiencia para poder subsistir, para hacer más fácil la estadía, pero era por la circunstancia de subsistencia porque algunas llegaban apuraditas, a última hora, a veces yo llegaba a última hora, corriendo y él me decía que lo único que él quería era poco menos que se abriera la puerta ¡y yo entrara!, él decía: “Trate de venirse temprano”, “¡Sí, sí! pero estoy trabajando” le respondía yo. Felizmente en cierto aspecto tuve un poquito de suerte cuando entré a trabajar ahí al Mínimo [se refiere al PEM: Plan de Empleo Mínimo, creado por el gobierno en el año 1974] porque en el sector donde me tocó trabajar, porque yo estuve primero trabajando en el sector de costura ahí donde está el Parque Italia, ahí hay una parte de la municipalidad de Valparaíso, entonces ahí se llevaron a toda la gente que sabía coser, tejer, todas esas cosas. Me trasladaron al otro lugar porque había mucha gente y como yo había sido de las últimas que había entrado, entonces a todas las últimas las mandaron para allá para el Barón, nos cambiaron para allá. El trabajo que hacíamos allá en Barón era pesado, teníamos que arrastrar nosotras mismas, teníamos que llevar las palas, la carretilla, todos los implementos para barrer y después que salió esa fotografía que fue tan impactante51, entonces ahí nos instalaron nuevamente a trabajar adentro del recinto en el Parque Italia, haciendo, en el fondo lo mismo” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Y así, cansada María Mercedes después se tenía que ir a la fila de la cárcel: “Claro, pero antes pasaba a comprar la verdura, pasaba a comprar todo para llevarle, porque se cocinaban los chiquillos. Subía muy cargada, esa subida por calle Cumming ¡me mataba! y había que hacerla caminando ¡no había otra alternativa! A veces, cuando mi hermana podía me iba a ayudar: bajaba ella a la niña y traía la ropa de mi esposo, entonces yo pasaba a comprar todas las cosas y de ahí me iba para la cárcel, así es que me aliviaba eso de ir a la casa y después salir corriendo, bajar con la niña y los bolsos con las compras y después caminar todo Cumming hasta la cárcel” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Juana Cerna Rivera se refiere a lo que ella sentía en esa circunstancia: “La prensa estaba en manos de los golpistas y no se publicaba nada que pareciera injusticia. Este fue un período que proporcionó apenas alguna luz sobre la situación de los marinos anti golpistas y no iba más allá que constatar que ellos estaban detenidos en el lugar donde estaban los delincuentes. Con las otras familiares nos veíamos una vez a la semana, a la entrada o a la salida de la cárcel. No nos reuníamos, teníamos claro que podíamos estar bajo vigilancia y en sí, eso hubiera sido un riesgo innecesario” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

51 Alude a una foto tomada por turistas que recorrían el cerro Barón; esa imagen fue difundida en Europa.

 

A su vez Claudio Espinoza Torrecilla plantea que después del golpe su mamá no tuvo miedo de seguir luchando: “Ella era bastante valiente, nunca se arrepintió” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

Isabel Arévalo Pimiento por su parte, opina respecto a lo que sentían las mujeres, las madres, esposas, de los marinos anti golpistas frente a todo lo que enfrentaron: “Nuestro estado anímico y la cantidad de problemas que tuvimos, hace que yo tenga muchas lagunas y nombres de personas que ‘quedan en el tintero’ [no los recuerda]. En mi caso sentía injusticia, impotencia, por cómo se pisoteaban nuestros derechos, etc. Felizmente fui una persona fuerte para seguir adelante sin quedarme callada o esconder todo esto. Tuve muchas preocupaciones, trabajar y sobrevivir las situaciones, todo por mis hijas pequeñas. Yo siempre he dicho que se habla mucho de los que estuvieron presos, pero muy poco de las que estuvimos fuera con todo lo que significó para nosotras esta situación nueva y penosa, donde tuvimos que afrontar innumerables situaciones muy difíciles” (I. Arévalo Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

Las familiares sentían inseguridad en cuanto a la estabilidad física del cautiverio debido a que muchas veces los marinos presos eran cambiados de lugar. Sobre ello Flor Calisto Alarcón exclama: “¡Uy, mira! de repente estaban en la cárcel pública y se nos desaparecían justo antes de navidad y ahí se los llevaban a Colliguay, de Colliguay a Puchuncaví. Entonces de repente tenías que andar al… si alguien sabía algo para saber dónde estaban porque era igual que estar jugando a las escondidas”.

Con esas medidas de traslados a las que eran sometidos los marinos anti golpistas, ellas sentían enojo y miedo. Flor agrega que ella sentía rabia: “Porque yo no sabía lo que era política, toda mi familia fue carabinero, marino, entonces yo me encontré en una encrucijada que no sabía qué decir. Cuando me preguntaban algo, yo no sabía qué responder porque si tú no sabes política y te dicen: “Oye si tu marido por qué está preso, por qué no lo sacó Allende si resulta que ellos lo estaban defendiendo a él”, entonces “Tienen razón” decía yo” (F. Calisto Alarcón, entrevista 6 de febrero de 2017).

Erika Jeldres manifiesta: “Para mí, a veces acordarme de todo lo que pasó, es un poco duro, fue muy difícil” (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019). Le cuento que su hermano Jaime expresó: “Mi hermana mayor fue mi incondicional apoyo en los cinco años que estuve en prisión, ella participó después del golpe en tareas sobre nuestra defensa y apoyo, mantuvo relaciones con familiares y visitó embajadas para solicitar visas para nosotros” (J. Salazar Jeldres, entrevista 12 diciembre de 2018).

Ante lo dicho por su hermano Jaime Salazar, Erika revela: “Sí, yo siempre estaba haciendo cosas, pero en realidad ahora no me recuerdo todo lo que hacía. Se va todo de repente, no me acuerdo,

¡tanta cosa que pasamos que se me viene todo encima y no me acuerdo! Fue muy triste todo lo que pasó”.

Acerca de esa tristeza también expone Mariano Ramírez Ramírez en su libro (2010, p.97): “muchos familiares de los presos corrían de embajada en embajada para conseguir o tener una posibilidad cierta de visa, era una situación triste y compleja”.

A pesar de lo difícil que fue la experiencia, Sebastián Ibarra Vallejos52 en entrevista con Magasich (2019, p.537) rescata el espíritu solidario que unía a quienes estaban vivenciándola, recordando la relación afectiva de las madres con los marinos: “Yo creo que hoy día tiene más valor que lo que se le daba en aquella época. El hecho que, por ejemplo, la mamá de un compañero llegaba… en la práctica las mamás eran todas mamás nuestras y éramos todos hijos de todas las mamás. Había una cuestión muy bonita, muy rica”.

Claudio Espinoza Torrecilla aporta con relación a la solidaridad que surgió dentro del grupo de las familiares, por ejemplo, cuando había mamás de los marinos que venían a Valparaíso desde otras

52 Sebastián Ibarra Vallejos. Marino Anti golpista (MAG) detenido el 6 de agosto de 1973.

ciudades y se tenían que quedar en esta región:“Mi mamá a veces se llevaba a una mamá para la casa y ahí seguían compartiendo. Otras familiares de las que también eran de aquí, se llevaban a otras para sus casas y compartían, así hasta que se iban”.

Además, añade que Eliana Torrecilla hacía gestiones por los otros marinos que estaban presos: “Por todos, porque después llegaron los marinos de Concepción, llegaron aquí también. Entonces había muchas mamás que no podían venir, no podían viajar tan seguidamente, pero viajaban de vez en cuando, entonces mi mamá y la señora Rebeca Herrera Urbina, la mamá de Luis Ayala, les daban todos los antecedentes. Mi mamá siempre fue así. Nosotros en la primera partida de la cárcel, el 21 de septiembre del ‘76, salimos veinte marinos en libertad. Ahí varios se fueron para fuera [se refiere a que varios se fueron al exilio], partieron altiro y a los otros los trasladaron a Santiago a la penitenciaría y ahí mi mamá empezó a ir a Santiago, a Santiago, a Santiago. Yo salí en libertad, pero mi mamá igual siguió y siguió hasta que no quedó ninguno preso. Cuando todos los marinos presos ya se fueron para el extranjero, los cabros juntaron dinero y se llevaron a mi mamá para allá, estuvo casi un mes. Fue un regalo que le hicieron los marinos que se exiliaron” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES DESDE LA PERCEPCIÓN

DE LOS MARINOS ANTI GOLPISTAS.

Para conocer la opinión referente a la valoración que le otorgan al papel desempeñado por las familiares, reuní lo expresado por marinos que estuvieron presos, tanto en la recopilación bibliográfica como en los testimonios que recogí para este libro.

A continuación, expongo las respuestas de algunos de los marinos anti golpistas: Sobre la participación de las familiares,

Mariano Ramírez Ramírez plantea en el libro de Magasich: “Eso se demuestra un poco también con las declaraciones de algunas mujeres después de la detención nuestra, la mujer de Cárdenas y otras que siempre estuvieron allí, pendientes y denunciando lo injusto que era que nosotros estuviéramos detenidos y presos. Eso, yo pienso que es una cuestión importante por lo menos para mí, es importante esa parte” (2019, p.169).

Sobre cuál era la motivación de su mamá para pertenecer al grupo de mujeres y luchar por sus familiares presos, Claudio Espinoza Torrecilla cuenta: “¡El hijo, si yo soy el hijo del amor, soy el primero! Ella daría la vida por mí, ella luchó harto, se metió, como la señora Rebeca Herrera Urbina, la mamá del Luis Ayala que también era así, eran como leonas por uno, entonces mi mamá siempre estuvo ahí. Estaba la mamá de Robertito Fuentes, la señora María Luisa Fuentes pero era anciana la señora, caminaba poquito entonces después ella decía: “Ya, hasta aquí no más las acompaño”. Estaba la mamá de Sergio Fuentes la señora Ismenia Paredes, ella también. Cuando ella venía desde Concepción se iba para la casa de sus familiares de Quilpué” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

A su vez Luis Ayala Herrera dice: “Para mí es evidente, que el hecho de participar en la organización, significó un gran esfuerzo de parte de mi madre. Ella, del momento que asumió la presidencia de la organización, dejó todo de lado porque estaba muy clara que no se podía perder un minuto, sabiendo que el tiempo nos estaba contado. ¡El resto de mi familia la veía muy poco! ya que para ganar tiempo se quedaba en casa de su hermana. Un sacrificio que solo una madre puede hacer cuando su hijo está en peligro de muerte” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Con relación a la motivación que tuvo su mamá para participar en la defensa de los marinos, Roberto Fuentes Fuentes responde: “Yo creo que el instinto materno, el instinto familiar, el hecho de luchar por un ser querido que estaba en desgracia. El estar participando para mi madre era una razón fuerte: estaba luchando por mí”.

Roberto continúa el relato sobre María Luisa Fuentes, su madre, explicando que anteriormente a su detención ella nunca había participado en alguna actividad política. Desde su mirada piensa que para su mamá el hecho de haber participado en la agrupación de familiares fue significativo: “Mi percepción es que era una misión: “Salvar a mi hijo” primero que nada, era su primer objetivo y estaba comprometida de una forma increíble. Además, había una comunidad, una especie de colaboración, de sentimientos, de ayuda en el grupo de familiares; se llamaban, se mantenían, se ubicaban, se contenían todo el tiempo y yo creo que ese sentido de participar en una comunidad, en una acción tan dramática y tan importante, como es el luchar por la vida del hijo, coincidía mucho con el sentimiento de los otros y era muy fuerte y muy unidas y fuerte. Había esta cosa desesperada de salvar, de salvar, de que todo vuelva a la normalidad y yo creo también que comprendieron que unidas eran fuertes y ellas siempre pidieron ayuda a todos los que querían ayudar: ellas se reunían con obispos, se reunían con abogados, se reunían con los Derechos Humanos, también yo sabía que había iglesias, asociaciones ecuménicas que apoyaban la acción de las familiares” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Para los marinos que fueron detenidos y que estuvieron presos por tanto tiempo, la participación de sus familiares reviste mucha importancia. Esa valoración con relación al rol desempeñado por ellas, también es señalada por Mariano Ramírez Ramírez (2010, p.79) en su libro‘Memoria Colectiva de los Marinos Anti Golpistas…’:“Esas madres y hermanas fueron capaces, además, de avizorar y llamar a que la Armada no debía participar en una aventura golpista, que aquello significaba perder el honor de la Institución”.

Así mismo, apuntando a la relevancia de las mujeres, Sergio Fuentes Paredes, también la expone en el libro de Magasich al decir: “… hay un trabajo bastante importante de algunas compañeras, sobre todo lo que yo conozco en Valparaíso. Son la madre de Hugo Maldonado y José Maldonado, José Maldonado era marino, Hugo era el civil. La mamá de Claudio Espinoza, que hoy en día está bajo tierra, la madre de Luis Ayala, la señora Rebeca y la compañera Isabel, que eran las que, en el fondo, con la señora de Ramón González (…) que eran las que iban constantemente a la fiscalía a ver sobre nuestra situación, a entrevistarse con los curas en Valparaíso, a Santiago a hacer todas las diligencias que podían hacer. Estuvieron trabajando bastante, bastante, fue un apoyo bastante grande que nos dieron (…) Fue un trabajo que no se vio, una labor que no se vio, pero que nosotros sabíamos que ellas estaban ahí, fue un trabajo constante” (2019, p.464).

Oscar Carvajal Gallardo considera que: “El que los familiares nos apoyaran en forma tan decidida y que además lograran despertar solidaridad con nosotros, fue muy significativo para fortalecernos y poder sobrellevar todo este difícil período”. A su juicio el trabajo de las mujeres de este grupo de defensa“fue de suma importancia. Quizás sin este trabajo no se hubiera llegado a difundir el caso” (O. Carvajal Gallardo, entrevista 15 de mayo de 2017).

Ante la pregunta ¿De qué manera influyó en su vida la acción del grupo de mujeres? Patricio Cordero Cedraschi destacó: “La mujer demostró una fortaleza indestructible, un coraje civil digno de perpetuar en la memoria. La importancia más grande para mí, fue el no sentirse solo, sentir que había un ser querido pensando en ti y que quizás a lo mejor estaba en condiciones más adversas que uno mismo, porque Chile estaba ya preso. Lo más grande de estas mujeres, es que lo que hicieron, lo hicieron por amor a sus seres queridos” (P. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Sin embargo, Luis Rojo Gaete pone de relieve el que: “Lamentablemente aquellas grandes mujeres que participaron y organizaron toda la solidaridad, están fallecidas” (L. Rojo Gaete, entrevista 15 de diciembre de 2018).

Bernardo Carvajal Sepúlveda enfatiza: “Ellas fueron el puntal de todos nosotros” (B. Carvajal Sepúlveda, entrevista 19 de diciembre de 2018).

Eso es ratificado por Sebastián Ibarra Vallejos en el libro de Magasich: “Una relación que yo tengo siempre en la memoria es esa: las compañeras que se movían por consultar, por joder, todos los días estaban jodiendo donde Villegas (…) Pero todos los días jodían, jodían a los viejos (…) Siempre estaban haciendo algo. En particular hay dos personas que yo tengo en la memoria que es la mamá del gato Espinoza, doña Eliana Torres Silla [sic] y la mamá de Ayala (…) Entre las que se movían harto estaba la Ibis Caballero, la señora de Pedro Lagos, que también tuvo problemas después. También estaba la Regina, la mujer de Cárdenas. Se movían por todos lados. Siempre estaban; en cada visita estaban ahí” (Magasich, 2019, p.537). Sebastián Ibarra probablemente se refiere al fiscal designado en la causa 3926, el abogado de la Armada Víctor Villegas. Sobre los problemas de Ibis Caballero a los que alude Sebastián Ibarra es que ella fue detenida y llevada como presa política a Tres Alamos en Santiago.

Claudio Espinoza Torrecilla apunta a la relación entre las mamás de los marinos presos: “Era buena, buena, se llevaban súper bien. Se juntaban normalmente abajo en la plazoleta de calle Cumming y de ahí subían a la cárcel y después ahí se repartía una cada una. Después de la visita se esperaban y salían y bajaban todas juntas y se iban a la oficina del FASIC o pasaban a tomarse un café o algo así porque las visitas eran en la tarde”(C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

Luis Ayala Herrera expresó: “La influencia que tuvo este organismo en mi vida fue de un apoyo que no me lo imaginé. Fue algo rápido y eficaz y de iniciativa propia de ellas al ver nuestra realidad. Para mí fue de gran ayuda para atravesar ese período difícil de mi vida, saber que no estábamos solos. Y que lo hicieron con una entrega total” refiriéndose a la importancia que tuvo el trabajo de las mujeres de este organismo de solidaridad a los marinos presos. Luis asegura que: “Está claro que sin ellas, este organismo no hubiera tenido la relevancia que tuvo. Y dudo que este organismo hubiese existido sin ellas ¡así de simple! Tuvieron la capacidad de sensibilizar y movilizar muchos medios y gente con los escasos recursos que manejaban ¡fue puro corazón!” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

A propósito de las acciones efectuadas por las familiares, Roberto Fuentes Fuentes subraya lo siguiente: “En un momento después del golpe, yo comprendí que el Estado de derecho había dejado de existir: no había tribunales, no había posibilidades de que abogados defendieran causas, no habían tiempos, ¡nada! y que lo que pudiera ocurrir con nosotros, dependía de otros factores, que no eran jurídicos o constitucionales porque eso dejó de existir. Y yo recuerdo (esta visión es mi opinión personal) que las familiares nuestras mantenían el ánimo a través de conectarse a diferentes personas del gobierno militar en ese tiempo para denunciar, para preguntar qué pasaba con nosotros, pedir que los procesos se cerraran y que nos liberaran. Era muy costoso físicamente, emocionalmente, participar en ese tiempo, defender a personas que estaban presas porque no había cómo penetrar la estructura militar, los militares además que eran atrevidos y además que eran peligrosos, amenazaban, las familiares nuestras fueron amenazadas varias veces: “¡Que terminaran con esa cosa, que les podía pasar algo!”. Entonces mi madre siempre me decía: “Vamos a reunirnos con una persona de allá que tiene que ver con el ministerio y que…”, y yo le decía: “Mamá… está bien, hágalo, hágalo, porque usted lo necesita, pero esas cosas… va por otro lado el trato nuestro… pero háganlo porque así están siempre presentes”. Las familiares lo tenían más claro que yo: que tenían que estar presentes. O sea, aquí no pueden llegar y se les ocurre y agarran un grupo de eliminación, nos sacan de la cárcel, nos eliminan ¡y nadie sabe nada! Había un grupo grande de gente que estaba detrás, apoyándonos. Yo no sé si algunas familiares llegaban a otra casa, porque yo tenía una tía en Santiago donde ellas llegaban algunas veces a dormir y al otro día iban a los ministerios porque estaban allá en Santiago, y allá iban a encontrar a tal o cual personero. Las familiares se movían mucho. Ellas tenían claro que tenían que hacer ruido, hacer presencia, mantenernos vivos en cuanto a exigencia: “No están olvidados, los marinos están ahí presos pero no están olvidados”. Los tres años las familiares se pasaron en eso, durante todo ese período nuestras familiares siempre estuvieron atentas” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Ante la pregunta ¿Cuál es la importancia que tuvo el trabajo de las mujeres en esta organización? Roberto aporta: “Yo creo que tiene dos dimensiones, varias dimensiones quizás, pero dos que yo puedo vislumbrar: en el plano familiar hubo afianzamiento de las relaciones, un fortalecimiento de las relaciones entre la persona que fue defendida y los que defendieron, es decir, entre mi madre y yo, mi hermana, mi hermano, el reconocimiento a su labor, de que nunca dejaron de verme. En ese plano se afianzó un vínculo porque en forma concreta vi que en el momento que yo necesitaba ayuda, me ayudaron. Y en el otro plano, yo creo que muchas personas que participaron, vieron las potencialidades que tenían ellas para actuar, se redescubrieron: que no era solamente la función de criar hijos y cuidar la casa y ser esposas sino que también podían actuar en la sociedad porque ahí lo hicieron ellas, encontraban ministros o sub-ministros, al secretario tanto, al funcionario tanto, a un jefe de una organización tanto; siempre estaban en reuniones con diferentes personas, ellas iban a todos los lugares donde quisieran recibirlas, donde pensaban que iban a recibir una ayuda. Entonces en ese plano yo creo que expandió el ángulo de visibilidad social y de compromiso y comprendieron su potencialidad también” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

Tomás Alonso Molinet hace presente la manera que influyó en su vida el hecho de que las mujeres relacionadas con los marinos, es decir, las mamás, hermanas, novias, etc., hubiesen tomado la decisión de ejercer la acción de denuncia y de apoyo hacia ellos: “Al saber todos los pormenores, yo considero que fue de una valentía enorme. Es difícil hacer, sabiendo al principio, o sea los primeros meses del golpe, a pesar que fue todo el tiempo, pero los primeros meses la situación estaba totalmente incierta, nadie sabía nada, los secuestros andaban a la orden del día, después siguieron igual, pero los primeros días fueron así cosa de… podría decirlo correctamente cada animal, a pesar que el animal tiene su víctima para comerlo, pero no de maldad, el ser humano es muy malo, se corrían tantas atrocidades que pasaban, que nosotros las escuchábamos, y ellas, estas mujeres, se expusieron a todo eso, entonces por eso… por eso sí, sí, ellas influyeron en mi vida”.

Tomás añade la importancia que tuvo el accionar de estas mujeres: “Hacia nosotros: que no nos dejaron solos a nuestra suerte, estuvieron siempre preocupadas. Algunas fueron más fuertes que otras, no todo el mundo tiene el mismo valor, por lo tanto, las que se retiraron, yo diría que hay que perdonarlas, pero otras siguieron adelante, o sea, la mujer es muy valerosa. Cuando la mujer quiere defender algo, lo defiende. La madre defiende a sus hijos, yo creo que mucho más que el hombre. La acción de las familiares de los marinos, en realidad merece, yo diría que un monumento; se debería tener un monumento para estas mujeres que estuvieron siempre con nosotros, nos daban ánimo. Muchas veces había momentos de desesperación y ellas nos subían el ánimo, a pesar que a veces ellas estaban en mucha peor situación en sufrimiento. Acá muchas pasaron hambre, no tenían sustento, tenían incertidumbre porque cuántas veces, por ejemplo, Carlos Alvarado53 me acuerdo, que a la mujer la andaban siguiendo hasta con helicóptero, tenían varios hijos pequeños, todos arrancando por los cerros, le allanaron la casa, todo eso” (T. Alonso Molinet, entrevista 20 de marzo de 2017).

Luis Ayala Herrera comunica que quiere destacar lo siguiente: “Si bien es cierto, todo se cayó al suelo en la mañana del martes 11 de septiembre, el trabajo hecho por este organismo o grupo [de familiares mujeres] no fue en vano, ya que, al dar a conocer nuestro caso a la opinión pública, sirvió para advertir a la ciudadanía que el golpe de Estado venía concretamente y nosotros éramos la prueba. ¡Fue un grito de alarma! En presagio de la tragedia más grande que ha vivido nuestro país. Estoy completamente seguro, que gracias al trabajo realizado por este grupo es que aún estamos con vida y es lo que pensamos todos los del grupo de Marinos Anti-golpista, porque sabemos que el Alto Mando de la Marina se hizo la pregunta después del 11 de septiembre: “Y ahora ¿qué hacemos con estos…?” Ahí pesó la existencia de las famosas listas

53  Carlos Alvarado González. Marino Anti golpista (MAG) detenido el 28 de julio de 1973.

del grupo de marinos [alude a que antes del 11 de septiembre de 1973, se hizo difusión de los nombres de los marinos detenidos por la oficialidad] que habían sido enviadas al extranjero” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Sin embargo lo expresado anteriormente, Mariano Ramírez Ramírez declara en el libro de Magasich (2019, p.168) que ha faltado reconocimiento del papel que estas mujeres tuvieron en todo lo vivenciado durante esos años “(…) tanta compañera que, a tanta familia nuestra que nunca tampoco aparece por ninguna parte, porque nosotros somos los protagonistas de la cosa, pero tú sabes que detrás del protagonismo de cada uno de nosotros hubo alguien que se quedó con los niños, hubo alguien que se quedó con la mamá, hubo alguien que se quedó con las hermanas, hubo alguien que apoyó esta cosa, de alguna manera. Eso se prueba también con la constancia que tuvieron durante tantos años en las cárceles, moviéndose, corriendo por tratar de salvar (…)”.

APRENDIZAJES OBTENIDOS POR LAS MUJERES QUE PARTICIPARON EN LA DEFENSA DE LOS MARINOS ANTI GOLPISTAS.

Así como el accionar de las madres, de hermanas, esposas y novias fue muy importante en las dos etapas vividas, es decir, antes del golpe y durante la dictadura, la experiencia vivenciada trajo consigo aprendizajes que son reconocidos por ellas mismas como también por aquellos a quienes apoyaron y defendieron. A continuación, hay testimonios que evidencian esos aprendizajes.

Expresa Rose Marie Cordero Cedraschi: “Un aprendizaje es el nunca callar y que las injusticias siempre deben ser denunciadas, eso es lo que permitió despertar una solidaridad internacional” (R. M. Cordero Cedraschi, entrevista 10 de junio de 2017).

Irene Hidalgo Correa recuerda las situaciones difíciles que pasó. Respecto a todo lo vivido responde a la pregunta de si obtuvo aprendizajes: “Sí, que mucha gente ignora lo que yo sé, hay mucha gente que no sabe, yo aprendí harto. Aprendí que mucha gente es mala. Yo maduré joven, joven porque yo no debería haber vivido esa vida todavía tan, tan mala; con más experiencia, más mujer, pero la viví jovencita y aprendí del sufrimiento, aprendí harto y que se puede salir adelante, porque salí adelante con Bernardo, con los hijos, pero siempre asustada, asustada que pasara algo en la calle. Fue terrible esa época, fue doloroso, mataron a tanta gente, no tenían piedad de nadie ¡y niegan más encima ahora!, ¡niegan!, tanta gente desaparecida, tantas cosas”(I. Hidalgo Correa, entrevista 7 de enero de 2019).

A Luis Ayala Herrera le pregunté: Desde tu mirada ¿Cuáles crees que son los aprendizajes más relevantes que obtuvieron las mujeres que integraban este grupo que les apoyó?: “Yo diría que el aprendizaje más importante para ellas fue: de ver que cuando hay una entrega total “No hay obstáculo que no sea infranqueable”. No debemos olvidar que todas eran madres, hermanas, esposas y todas dueñas de casas, ninguna tenía una formación que les permitiera ir a pelearse con los oficiales o jueces de la Fiscalía Naval que nos tenían presos” (L. Ayala Herrera, entrevista febrero de 2017).

Margarita Salazar Jeldres acerca de aprendizajes que hubiera obtenido durante el tiempo en que su hermano estuvo preso, dice: “Yo creo que lo principal de todo esto es la familia, que esté unida, que la familia sea unida, porque aquí a nosotros la familia nos dio la espalda, sobre todo una tía que teníamos que era muy querida de nosotros, era hermana de mi papá, pero ella era esposa de carabinero, así es que se alejaron de nosotros, dijeron que no podían tener contacto con un comunista y a mí como que me admitían en su casa, pero les dije: “Yo soy hermana de un comunista así es que no vengo más”. Yo encuentro que la unión de la familia y bueno, cuando uno tiene un ideal ¡también tiene que luchar por sus ideales!”.

Margarita comenta que en la casa: “Ni siquiera sabíamos los ideales de Jaime en ese tiempo. Después supimos y entendimos por qué ellos estaban presos: ¡ellos estaban defendiendo la Constitución del país, como tienen que hacerlo las Fuerzas Armadas! Ellos fueron héroes, ellos contra todos ¡y después los ponían como que por poco ellos eran los traidores! ¡No! ¡Se sufrió mucho en ese tiempo, fue muy terrible todo!” (M. Salazar Jeldres, entrevista 12 de febrero de 2019).

Sobre lo mismo indagué con María Mercedes Muñoz Pérez:

¿Pudiste obtener aprendizajes de esa época?: “¡Sí, por supuesto! Madura más uno, valora cosas de tu compañero, porque fue una lucha de ellos muy grande por la que los detuvieron, por lo que ellos pasaron. Aparte de que yo en esa fecha tenía veinticuatro, veinticinco años, yo primera vez que salía del lado de mis padres, protegida por ellos, y después salir de ahí y tener que enfrentar todo eso, ¡me hizo madurar!, más aún con un bebé” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Consulté a Claudio Espinoza Torrecilla ¿Cómo habrá repercutido en la vida de tu mamá el hecho de haber pasado por toda esta situación y de haber luchado por ustedes, los marinos anti golpistas? Su respuesta fue: “Mi mamá se fortaleció harto como persona, aprendió mucho” (C. Espinoza Torrecilla, entrevista 10 de febrero de 2017).

El participar en el grupo para defenderles ¿Significó para la mamá de Roberto Fuentes Fuentes un desarrollo como persona, como mujer?: “Yo creo que el desarrollo de mi madre va más allá, ella por mí actúa instintivamente y por amor a su hijo, casi con desesperación, pero en el otro aspecto, digamos de visión de sociedad, yo noto que mi madre se desarrolla porque ya los límites, la frontera de mi madre ya no es la casa sino que ya ella emite apreciaciones sobre el desarrollo político del país, de lo que estaba haciendo el gobierno, empieza a expresarse porque mi hermano mayor es de izquierda, también estuvo preso en la cárcel de Valparaíso”.

Roberto se refiere a la pregunta acerca de los aprendizajes obtenidos por las mujeres que les apoyaron: “Yo sé que mi madre estaba orgullosa del trabajo realizado, para ella fue su labor, fue su trabajo, junto a las otras personas que contribuyeron a la liberación y a la vida misma nuestra; eso en cuanto a su acción directa. Yo veo que el aprendizaje de mi madre se fortaleció en el nivel personal, familiar y también mi madre ya empezó a tener una visión de sociedad, ya ella pudo emitir juicios políticos, deseos, muchos eran más deseos como el que los que detuvieron a los marinos anti golpistas se secaran en la cárcel, que los castigaran. Ella tenía una esperanza en la Concertación: que iba a hacer justicia y que iban a castigar, y que a nosotros nos iban a reparar porque nosotros denunciamos el golpe de Estado” (R. Fuentes Fuentes, entrevista 14 febrero de 2017).

MUJERES RECORDADAS.

Las mujeres familiares que antes y después del 11 de septiembre dieron la lucha en el caso de los marinos anti golpistas, son recordadas por sus compañeras de acción. Enseguida, aquí, aparecen mencionadas dentro de los testimonios.

Sin duda hay muchas otras mujeres que también participaron, no obstante, el tiempo transcurrido desde esos años hasta ahora, ha incidido en que sus nombres en el presente no estén nítidamente entretejidos en la memoria.

A Juana Cerda Rivera le pregunté si recuerda nombres de las familiares que estaban en la misma situación que ella, por ejemplo, de algunas mamás, de esposas, de hermanas, de novias: “Me acuerdo de Flor Calisto, la esposa de Mariano Ramírez. No recuerdo nombres, pero sí recuerdo a la esposa de José Jara, la de Pedro Lagos, la polola de Pedro Blaset, la hermana de Martínez, la madre de Espinoza, etc.” (J. Cerna Rivera, entrevista diciembre de 2020 y enero de 2021).

Isabel Arévalo Pimiento testimonió: “Las personas que recuerdo en estos momentos: Madres como Eliana Torrecilla (Q.E.P.D.) madre de Claudio Espinoza, Arabela Alvear (Q.E.P.D.) madre de José y Hugo Maldonado; Rebeca Herrera (Q.E.P.D.) madre de Luis Ayala. Esposas como en mi caso: Isabel Arévalo esposa de Guillermo Vergara, Patricia Tapia esposa de José Maldonado, María Muñoz esposa de Ramón González, Ibis Caballero esposa de Pedro Lagos, Rosalía Delgado esposa de Teodosio Cifuentes, Luzmira Jara esposa de José Jara, etc.” (I. Arévalo Pimiento, entrevista 1 y 4 de marzo de 2017).

Evocando las visitas a la cárcel de Valparaíso, María Mercedes Muñoz Pérez contó: “Yo a veces llegaba minutitos antes a la fila en la cárcel, o nos poníamos de acuerdo con la Isabel Arévalo, que en esos momentos tuve más contacto con ella, también con la que tuve un poco de conversación fue con la Patricia Tapia que era la esposa de José Maldonado y la otra niña también, pero no recuerdo el nombre, que es la esposa del Hugo Maldonado. Con la Paty lo que conversábamos era de los niños que empezaban a correr ahí, corrían en la cárcel. Yo era muy, soy todavía, muy amiga de Regina Muñoz, la esposa de Juan Cárdenas, cuando llegué a Suecia llegué a la casa de ella. Regina tuvo muchas reuniones con el abogado Pedro Enríquez, tuvo mucho contacto con los abogados, entonces tuvo muchas reuniones y en la reunión que fui yo con mi padre, estaba ella ahí”.

María Mercedes también recuerda lo relativo a las gestiones que había que hacer: “La que yo sabía que ayudaba mucho, era la señora Eliana Torrecilla, ella era la que sabía, participaba mucho, iba al Pro Paz y al FASIC, entonces era la que siempre traía información y nos daba a conocer lo que hacían los abogados del FASIC, nos daba a conocer los acontecimientos que se llevaban a cabo”. María Mercedes continúa: “Una vez la señora Ilma Soto, la mamá de Leopoldo Luna, nos llevó y entregó un dinero que venía del extranjero, creo que venía dirigida a los familiares de los marinos. A ella yo la conocía de ahí en la visita en la cárcel” (M. M. Muñoz Pérez, entrevista 4 de febrero de 2019).

Patricia Tapia nunca olvidó que: “Éramos un grupo que nos ayudamos mutuamente, entre ellas la madre de mi esposo Arabela Alvear, Isabel Arévalo, Ibis Caballero, Rebeca Herrera, Eliana Torrecilla, Rosalía Delgado y muchas más” (P. Tapia, entrevista 29 de marzo de 2017).

Margarita Salazar Jeldres, con relación a los trámites que había que hacer, nombró a su hermana Erika Jeldres: “En todo momento estuvo ella. Cuando nos veíamos, Erika me contaba cómo le iba en los trámites, que había ido a tal lado y de ahí la habían mandado a otro lado. Estuvo mucho también en Santiago, participando por los detenidos desaparecidos, me acuerdo que anduvo ella en todas esas partes, anduvo apoyando”.

Margarita sigue recordando: “Mi hermana Erika tenía un montón de amistades que conoció porque ella es muy amistosa. En una oportunidad fuimos a la casa de la señora Eliana Torrecilla, en Recreo. Debemos haber ido a conversar con la señora Eliana porque era muy amiga de los chiquillos, los marinos presos, los ayudó mucho. A la señora Marta Vergara Marín, la mamá de Ernesto Zúñiga, la vine a conocer en la cárcel, también con su esposo. Ella también salía con la Erika, las dos salían a difundir la situación de los marinos” (M. Salazar Jeldres, entrevista 12 de febrero de 2019).

Otras mujeres, familiares y amistades se acuerdan de la señora Marta Vergara Marín, mamá de Ernesto Zúñiga Vergara. Al consultársele a su hija Ana María Zúñiga Vergara54, dijo sobre ella: “Mi mamá, actualmente de 90 años, con mi papá visitaban a mi hermano Ernesto, semanalmente en la cárcel de Valparaíso. En la familia recordamos que ella hacía trámites para apoyar a Ernesto, y participaba y eso lo hacía a escondidas de sus otros hijos” (A. M. Zúñiga Vergara, entrevista 31 de enero de 2019).

“La señora Martita, era muy activa con el esposo, ella siempre iba a las visitas” contó Erika Jeldres (E. Jeldres, entrevista 11 de febrero de 2019).

Margarita Salazar Jeldres agregó:“Lo que me acuerdo de la señora Marta Vergara, es que era una persona como súper amorosa, así como calmadita, tranquilita, pero era bien activa también” (M. Salazar Jeldres, entrevista 12 de febrero de 2019).

54 Ana María Zúñiga Vergara. Hermana de Ernesto Zúñiga Vergara, Marino Anti golpista detenido.

Margaret Power, amiga de Marinos Anti golpistas testimonió: “La madre de Ernesto era tal como se parece: muy dulce, muy preocupada por su querido hijo, o sea una madre chilena típica de esta época. Era amigable con todos, no sé si era muy política, en el sentido que no creo que había sido una activista o militante. No me parece muy probable, pero nunca se sabe. ¿Su ánimo? No me recuerdo mucho, me parece que no tan alto, como las otras madres, preocupadas por lo que había y estaba pasando a sus hijos, haciendo todo lo posible para hacer su vida en la cárcel mejor” (M. Power, entrevista 2 de marzo de 2019).

AL TERMINAR ESTE CAPÍTULO, ALGUNAS PALABRAS.

 Quise iniciar el reconocimiento a las mujeres que desarrollaron la acción anti dictatorial en la región de Valparaíso, sacando a la luz la experiencia de las madres, hermanas, esposas y novias, de los Marinos Anti Golpistas.

Ellas fueron las primeras mujeres, antes del 11 de septiembre de 1973, que vivenciaron todo lo que vendría después de esa fecha. Magasich expone “Durante los 36 días transcurridos entre la detención de los marinos de la flota y el golpe de Estado, los mandos de la Armada, mayoritariamente golpistas, comienzan a imponer el régimen que preparan. Los marinos detenidos serán los primeros en ser aislados ilegalmente y brutalmente torturados en recintos de la Marina que escapan al estado de derecho”(2008a, p.16).

Para esas mujeres, en ese momento con la detención de sus familiares, comenzó un período de búsqueda, de resolver situaciones, de planear y decidir acciones. Fue un tiempo en que se les hizo necesaria la participación para denunciar lo que estaba ocurriendo y que, por eso mismo, vieron que era pertinente crear una organización para el hacer conjunto. Magasich recuerda que: “Durante los últimos días del gobierno de Allende nacen los primeros comités de defensa de los derechos humanos y también por primera vez reúnen antecedentes para enviarlos a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Y los primeros nombres de torturadores son denunciados públicamente” (2008a, p.17).

Posteriormente, al concretarse el golpe de Estado civil militar, continuó el tiempo de batallar en el que estas mujeres acumularon experiencias y aprendizajes lo que incidió, en muchas de ellas, en una transformación en su forma de pensar, y en otras, un afianzamiento de sus ideas; y en todas, la convicción de guerrear para lograr revertir o mejorar la situación de sus familiares detenidos.

Sin embargo, de todo lo que implicó su lucha, poco se sabe. Espero, con este capítulo, haber contribuido para que se conozca a estas valiosas mujeres.

 

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